Alternativa ideal

Hace semanas vi la noticia sobre una atleta somalí, muy joven y con grandes ilusiones, que murió ahogada, junto con sus compañeros de travesía, cerca de las

José Polanco / Botánico/ANCON

Hace semanas vi la noticia sobre una atleta somalí, muy joven y con grandes ilusiones, que murió ahogada, junto con sus compañeros de travesía, cerca de las costas italianas.

En Italia aspiraba a realizar su sueño de entrenar para competir en las olimpiadas de Londres; porque tuvo que huir de su patria para evitar la guerra que está acabando con la gente de esa parte del mundo.

Esto parece poco relacionado con la conservación del ambiente, pero si lo vemos como parte del respeto por la vida, entonces se comienza a ver la relación.

La territorialidad es parte del ser humano, por eso existen países, idiomas, calles arriba y abajo, barras y partidos. Y como parte de nuestra herencia biológica, no es malo, es la esencia de las culturas de la humanidad.

La parte mala viene cuando, por arrogancia y egoísmo, por incapacidad para defender las ideas con palabras, o por temor a quien sea y piense diferente, imponemos a los demás, o tratamos de hacerlo, cualquier forma de ver el mundo y de vivirlo. Ello demuestra una profunda falta de respeto por nuestros semejantes. Así mismo, el abuso y la destrucción de los recursos naturales, que nos pertenecen a todos los habitantes de este país y del mundo, son actos delictivos que cometemos a diario.

¿Qué hacer? Comenzar a querer a los demás, o por lo menos a respetar sus necesidades. Es sencillo de proponer, pero muy difícil de practicar. Nuestra historia evolutiva juega en contra. Pero, si no es por lo demás, hagámoslo por nosotros para que el favor se nos devuelva.

Nadie debe morir tratando de alcanzar sus sueños y nadie debe vivir en un medio ambiente menoscabado. En ambos casos, sólo las acciones de todos, pensando en todos, es la alternativa ideal.