Derechos humanos y salud mental

Panamá mantiene una deuda pendiente no solo respecto a la formulación de políticas públicas y planes nacionales en atención en salud mental sino a su implementación
Derechos humanos y salud mental

Derechos humanos y salud mental

Por: Gabriela Arosemena Montenegro Twitter: @Gabby_Aro -

Históricamente los pacientes de salud mental han sido despojados de su propia humanidad al recibir un duro trato por padecer enfermedades mentales comparables a posesiones demoníacas y castigados por ello. Estos pacientes que, por el estado de vulnerabilidad en la que se encuentran a menudo carecen de la capacidad de razonamiento suficiente para tomar decisiones respecto a sí mismos, las decisiones sobre su bienestar recaen en manos de terceros; ya sea familiares o en su defecto, el propio personal de salud. De lo anterior, se desprende la apremiante necesidad de diseñar mecanismos que protejan la integridad y bienestar de esta población.

Los derechos humanos, como normas llamadas a reconocer y salvaguardar la dignidad humana, juegan un rol fundamental pues el estigma y la discriminación son flagelos que permanecen vigentes en el ámbito de la salud mental. Instrumentos internacionales como la Declaración de Caracas de 1990 emanado de la Organización Mundial de la Salud, dio ese primer paso en la reestructuración de la atención psiquiátrica respecto a recursos, cuidados y tratamientos suministrados.
Panamá mantiene una deuda pendiente no solo respecto a la formulación de políticas públicas y planes nacionales en atención en salud mental sino a su implementación, que tengan como prioridad el tratar el tema de salud mental desde una perspectiva de derechos humanos y normalizar el acudir a servicios tanto de psicología como de psiquiatría; ambos servicios ofrecidos dentro del sistema de salud público pero que, al igual que muchas otras especialidades necesitan ser fortalecidas y cuyo acceso debe ser protegido no sólo en el servicio público sino en el ámbito privado e incluso en pólizas de seguro.
Sin duda alguna el principal obstáculo en el camino hacia la completa humanización del paciente de salud mental sigue siendo el estigma promovido por la desinformación y los prejuicios; por lo anterior urgen mecanismos efectivos que transformen la óptica que se tiene actualmente acerca de la salud mental, desde el abordaje preventivo hacia un trato digno y eficiente.

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