El comercio del pescadoen Río Hato

Cuando el Sr. presidente Ricardo Martinelli inauguró el edificio del Mercado de Mariscos en Río Hato (1 de febrero de 2012), a un costo de $2.5

Julio César Caicedo Mendieta / Julio César Caicedo Mendieta

Cuando el Sr. presidente Ricardo Martinelli inauguró el edificio del Mercado de Mariscos en Río Hato (1 de febrero de 2012), a un costo de $2.5 millones, creí que los estudios de factibilidad cumplirían con la expectativa. Pero no ha sido así. Luego de ocho meses no hay clientes y la mayoría de los vendedores que aplicaron para ocupar los 44 puestos de ventas dejaron el plumero. Solo queda uno que otro cevichero, y los cientos de obreros que trabajan en la construcción del aeropuerto internacional, a poca distancia, no quieren comprar porque no les gusta el ceviche sin cerveza. Desde Antón, Penonomé, Aguadulce ni del mismo Río Hato, a nadie se le ocurre viajar tanto por una cojinúa.

Algunos desertores expresan que los turistas no compran pescado como si fuera una artesanía, “esto ha sido un plomo”. Pero en Río Hato se pesca, se vende y se come pescado como siempre, las bicicletas de los vendedores andan con jabas repletas de “pesca’o” en todos los rincones del distrito del maestro Elías. Veloces motos reformadas para atravesar llanuras y escalar montañas se ven desde el alba surcando la neblina con sus neveras surtiendo a toda la geografía coclesana. Me comentó don Emiliano Quirós, quien vende pescado dentro del mercado público de Penonomé, que son suplidos por los pescadores de Río Hato y que últimamente los pariteños también lo hacen, sobretodo con pargo rojo. ¿Qué hacer entonces con el proyecto? Algunos pensarían que los grandes hoteles repletos de turistas como Playa Blanca, Decameron por mencionar un par, serían parte de la demanda de ese comercio en el área, pero no ha sido así . A menos que, como gancho, le ofrezcamos una presa de pescado frito con yuca a todo el turista que nos llegue al nuevo aeropuerto internacional de Río Hato.