Opinión - 13/6/17 - 12:00 AM

Padres, involúcrense

Por: Yadira Roquebert Periodista -

Francisco me compartió una situación que lo tenía triste. Un niño de diez años, al que conoció porque iba a su casa a jugar con sus sobrinos, tomó la decisión de quitarse la vida. Sin conocer al pequeño, me solidarice con mi amigo. ¿Qué razón lo impulsó a atentar contra su vida? Este hecho es una razón suficiente para reflexionar sobre qué están haciendo los padres para moldear con ejemplos a sus hijos.

Siento que los cambios que han surgido con el transcurrir de los años, en los que las leyes y disposiciones legales les han restado autoridad a los padres, tienen parte de la responsabilidad de lo que sucede. Aunado a ello, los padres de hoy no desean que sus hijos pasen las dificultades que en otrora quizás les correspondió enfrentar. Pero ¿qué tan bueno o malo es?

Recuerdo que junto a mis hermanos vivimos bajo la autoridad de nuestros padres, papá tenía el carácter fuerte; mamá también tenía su carácter, pero era más flexible. En casa las órdenes no se discutían, se cumplían. Mi padre escogía el colegio donde estudiamos, lo visitaba frecuentemente y, por ende, a los maestros y profesores. La indicación era: van a este plantel porque queda cerca de la casa; cuando salen de la escuela se ponen a estudiar y no quiero a nadie estudiando después de las 5 p.m., solo que tengan exámenes. Al que no entienda, el hermano mayor le explica. Y así empezamos a tener estas responsabilidades y a nadie le pasó nada.

Actualmente siento que los padres distan mucho de lo que fue en aquella época. Pareciera que con el pasar de los años, estos patrones se van quedando en el camino y no se les da responsabilidad a los hijos. No se les educa para ser entes activos y responsables; no se les enseña a discernir con base en lo cotidiano, dejándolos a merced de la sociedad y de la tecnología, con sus consecuentes resultados.

En mi Panamá, el país de las oportunidades, los padres deben extender un puente de comunicación con sus hijos, de padres a hijos, no de amigos; evitar educarlos con gritos, no es justo que los hijos paguen el estrés de sus padres. Aprenda a escucharlos, a corregir con el diálogo, a compartir tiempo de calidad; a involucrarse más en sus actividades y amistades; y si es necesario, pedirles perdón, hágalo.