Opinión - 12/7/17 - 12:00 AM

Platos sustanciosos

Por: Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

El profeta Isaías nos dice que el Señor va a repartir agua y comida sin pedir dinero a cambio. ¡Todos los sedientos venid a las aguas! Y los que no tengáis dinero ¡venid! Comprad y comed. Venid. Comprad, sin dinero y sin nada a cambio, vino y leche. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestros salarios en lo que no sacia? Isaías 55, 1

Para una población que vive en la abundancia, esta comparación del amor de Dios con la comida no tiene mucho sentido. Pero para un pueblo que vive en la escasez, definitivamente que sí tiene mucho sentido.

Al igual que la comparación del agua para un país como el nuestro donde abundan las fuentes de agua pura y cristalina. Pero para un pueblo que vivía en un área donde el agua no es tan abundante, si está clara esta analogía. No en vano en las comparaciones de la unión con Dios se simbolizan como un banquete donde abunda la comida y la bebida, que tiene un sentido de plenitud y de comunión fraterna entre hermanos y Dios.

Para el pueblo de Israel no existía una separación clara entre su vida ordinaria y el actuar de Dios en medio de ellos. Por lo tanto, es común ver estas analogías de la vida pastoril, agrícola y familiar, en su reflexión acerca de Dios.

Para comprenderlos mejor, podríamos nosotros ensayar una comparación actual con nuestra relación con Dios. Como alguien que dice después que sale del Santísimo que estaba chateando con Jesús. Lo importante de esto es no sacar a Dios de nuestras vidas, sino hacerlo parte de ellas con la alegría del que comparte con un miembro más de nuestra familia.