Opinión - 08/7/17 - 12:00 AM

Por una obsolescencia embotellada

Por: José María Gómez Vallejo Periodista -

Cada hora se compran sesenta millones de botellas de plástico en todo el mundo, lo que supuso un consumo de 480 mil millones de bebidas embotelladas en 2016. La preocupación de los grupos ecologistas no se debe solo a esta ingente producción de plástico, sino al aumento en más de 180 mil millones de toneladas en los últimos diez años. Una cifra que crecería otro 20% en el próximo lustro, como estima el ‘informe global de tendencias de envases’ de Euro monitor International.

La gran parte de las botellas y de las partículas que derivan de ellas no se almacenan ni se reutilizan al acabar su ciclo de uso, terminan de forma inexorable en el mar. Los océanos están transformándose en vertederos móviles, donde los residuos se trasladan por acción de las corrientes marinas y viajan con las mareas, pero no desaparecen, ya que tardan en degradarse cientos de años. Como consecuencia de este movimiento han surgido unas islas artificiales formadas por la acumulación de plásticos, pero que son sintomáticas de un problema mayor que no se puede ver con tanta facilidad.

La contaminación de los océanos está invadiendo los ecosistemas marinos. Para 2050, el plástico de los océanos pesará más que los peces que haya en ellos, según una investigación de la Fundación Ellen MacArthur. Los animales se ven obligados a compartir su hábitat con multitud de partículas y desechos tóxicos, que ingieren sin darse cuenta o que confunden con alimento, lo que provoca que el plástico también forme parte la cadena alimenticia humana. Las organizaciones gubernamentales comienzan a darse cuenta de la vulneración de la seguridad alimentaria que supone.

Es posible actuar para solucionar la contaminación de los océanos y sus consecuencias tanto en el medio ambiente como en los seres humanos. La mayoría de las botellas están formadas por materiales que se pueden reutilizar, solo habría que potenciar su uso en el proceso de elaboración, para poder garantizar un reciclado total.

La economía circular, por tanto, es necesaria para optimizar los recursos y evitar que se generen tantos residuos, lo que ahorraría cantidades millonarias de dinero y un importante consumo de combustibles fósiles. Pero también es vital abandonar esa mentalidad de ‘usar y tirar’, que nos ha llevado a generar más desechos en los últimos cuarenta años, que en el resto de nuestra historia.