Opinión - 08/7/17 - 12:00 AM

Pos conflicto en Colombia

Por: Mayor Felipe Camargo A. Analista de Inteligencia -

Antecedentes históricos: En Panamá no existen estructuras de las Farc. En sus mejores tiempos, durante varios años de la época militar, mantuvieron una sola persona que vivía con su familia (bajo el alias del “Embajador”) que mantenía contacto oficialmente con la Guardia Nacional y luego con las FF.DD., como un método de trabajo y una política de seguridad y defensa, pero, además,  con el pleno conocimiento de la CIA. 

En los últimos años el punto de encuentro era “El Manguito”, oficina de análisis e inteligencia estratégica de la comandancia de las FF.DD.

Las reglas del juego eran claras con las Farc: no podían realizar acciones terroristas en contra de las bases militares ni de los miles de soldados acantonados de los EE.UU., tampoco podían realizar operaciones en contra de ningún interés gringo en suelo panameño. Recuerden, había varios bancos operando en nuestro centro financiero, había varias aerolíneas de bandera norteamericana que tocaban tierra en Tocumen. Tampoco eran permitidas acciones en la frontera común.

Nunca se ejecutó un acto terrorista ni asalto a bancos o acciones criminales de narcotráfico. Solo estaban autorizados a sacar sus heridos por Panamá vía Cuba. Esta política era un método de control territorial que el Gral. Omar Torrijos desarrolló como un sistema seguro de contacto y canal de comunicaciones para resolver cualquier conflicto.

Esta organización de Inteligencia Política que era operada por militares y civiles desde “El Manguito”, estaba directamente bajo las órdenes del comandante jefe; el G-2 no tenía inherencia.  Nunca se permitió que los servicios de inteligencia de Colombia actuaran en nuestro territorio,  sin la autorización debida, o sea nuestra política era neutral y la defensa del territorio nacional. Nunca se perdió un guerrillero de las Farc y luego apareciera en Colombia muerto.

Esta fue la relación de respeto y sinceridad.

Afirmo como operador directo con mis largos años de experiencia con las Farc, que estas no representan amenaza para Panamá. Que elementos desertores se unan a las bandas criminales controladas por los paramilitares, y formen bandas criminales  "Bacrim" es otra cosa. Esos elementos dedicados al narcotráfico sí representan una amenaza real.

Recuerden el ingreso masivo de ilegales que cruzaron la frontera común, las estructuras criminales o coyotes no eran de las Farc, eran miembros de las Bacrim, son una amenaza real para nuestro país.

Paramilitares: Jamás durante la era militar se abrieron comunicaciones con las fuerzas paramilitares de Colombia.  Estas iniciaron sus contactos oficiales durante el gobierno de la expresidenta Mireya Moscoso, inclusive fueron recibidos oficialmente varios jefes paramilitares. Crearon sus estructuras comerciales, empresariales y agropecuarias. Por evolución histórica de la violencia colombiana, los paramilitares controlaban la frontera con Panamá, y la continúan controlando.

“Post” conflicto: Después del desarme de las Farc quedarán miles de colombianos sin oficio, desorientados sin saber adaptarse al nuevo modelo de vida al que estaban acostumbrados, sujetos a una disciplina guerrillera; otros al verse amenazados que los maten, algo que viene sucediendo, se pasarán para Panamá, habrá exguerrilleros que entrarán a Panamá para formar una nueva vida de bajo perfil, o sea que no todos vienen con malas intenciones de delinquir. Entrarían en la categoría de refugiados políticos.

Colombia debería crear un mecanismo para cuando un colombiano solicite visa de entrada a Panamá. Se debe activar un protocolo de seguridad e informar a nuestros consulados, si son colombianos exguerrilleros. 

Panamá nunca podría reconocerlos, sin la ayuda decidida de las autoridades colombianas, si estas realmente desean cooperar.

Panamá debe prepararse para enfrentar y el primer paso es fortalecer los controles migratorios con visas estampadas por 60 días, por los próximos 2 años, fortalecer todos nuestros consulados en Colombia con cuadros de migración en cada consulado, con tecnología de punta, como una primera línea de defensa.  

Y recordemos que   hay otro gran reto: la JMJ/19.

No vislumbro una amenaza real al desarme y desmovilización de las Farc en contra de Panamá, esta pacificación de Colombia no representará un aumento de la criminalidad como algunos expertos vienen vaticinando.

Pensando como el gran estadista que fue mi Gral. Omar Torrijos, unas de las soluciones de Panamá es recibir en calidad de refugiados políticos a una cantidad limitada de exguerrilleros de las Farc, para apoyar la pacificación de Colombia. Así lo hizo en el pasado el Gral Torrijos: con refugiados perseguidos políticos de Chile, Uruguay, Bolivia etc.