¿Qué pasa en la fuerza pública?
Don de mando, espíritu de cuerpo, liderazgo, son algunos conceptos fundamentales que sirven para mantener la cohesión en organizaciones de mando vertical, como los estamentos de la fuerza pública.
Empero, vemos con preocupación que estas definiciones de lo que debe ser una buena jefatura están ausentes del cuerpo armado y nos vienen a la mente nombres como el de Gustavo Pérez, director de gran carisma entre sus hombres.
Los últimos acontecimientos -divulgados en las redes sociales- de abuso policial contra ciudadanos, indisciplina y peleas entre tongos (como se les conoce cariñosamente), nos remontan a otros episodios de violencia, en los que unidades han perdido la vida por conflictos personales. Aparte de eso, ya varios uniformados han sido capturados transportando alijos de cocaína.
La realidad es que a lo interno de los estamentos de la fuerza pública, como en todo colectivo, militan pasiones e insatisfacciones por injusticias reales o sentidas, que requieren un abordaje multidisciplinario antes de que hagan crisis en el trabajo cotidiano.
Para ello, los jefes tienen que ser líderes y practicar con el ejemplo. Una muestra de ello son oficiales obesos y fuera de condiciones físicas saludables. Ellos “comandan” a unidades jóvenes y motivadas a la primera línea del deber en la lucha contra el crimen, mientras los jefes se quedan cerca “del puesto de las empanadas”.
Hay que motivar al uniformado, predicar con el ejemplo, darle apoyo a nivel psicológico y de trabajo social, hay que hacer campañas de divulgación, aumentar su autoestima profesional y que la ciudadanía sea consciente de la importante labor que desempeña en la sociedad. Tenemos que evitar a toda costa el relajamiento de la disciplina y la desmoralización de la tropa.