Opinión - 11/6/17 - 12:00 AM

Rescate del Olvido # 484. JUSTO AROSEMENA LACAYO. 1929 - 2000

Por: José Morales Vásquez vmorales037@outlook.com Facebook. Jose Morales. -

Investigador de arte

CONTINUACIÓN DEL ARTÍCULO TITULADO: “EL RETORNO DE JUSTO” Por: Rocío Grimaldo. Las obras de un panameño visitan el suelo istmeño.

Desde los años 70 se dedicó a la docencia y a la vez “nunca dejó de aprender”, dice Sierra Maya. “De pronto podía volver a empezar a estudiar a Picasso, como cuando lo hizo en los 50 y 60, y todo el tiempo estaba volviendo sobre lo mismo”.

“Había hecho de su vida una celebración permanente; en él la fiesta y el trabajo era un solo cuerpo”, comenta Estrada en el libro que como homenaje póstumo se le hizo al artista hace unos tres años.

La exposición. Sierra Maya dividió la exposición en cuatro áreas. En la planta baja están los bodegones y en un salón adyacente la escultura y los collages. En el primer piso están las figuras humanas y al lado, la pintura abstracta.

Con la Escultura, Arosemena “se movía más romántico, más local, más social, por ejemplo. En la pintura no tiene elemento social, en la escultura sí. Hace un monumento a los obreros de la construcción, a los mecánicos de los carros, a los niños jugando. Parece que fuera realista en la escultura y no realista – aunque el origen fuera- en la pintura”, describe el curador.

Sierra Maya señala que la obra de Arosemena permite a los estudiantes de arte “entender la cantidad de posibilidades que tienen”.

En cuanto a la pintura, el curador señala que el cuadro “Trance”, “resume todo” y “es el mejor ejemplo en pintura (de la pintura de Justo) de toda la exhibición” y en las figuras humanas se puede apreciar que le interesaba Picasso, y Matisse. La obra de Justo Arosemena “es muy difícil agarrarla” o definirla, dice.

“Uno va admirando que le interesa una manera de pintar y una manera de tener en cuenta muchas cosas y de enriquecerlas”, comentó.

“Hay que mirarlo como un artista que abarca muchas cosas. Si uno viene con un poco de humildad a mirarlo, logra captar que él quería representar de una manera moderna, sin exageraciones, un mundo real, de sentimientos, atardeceres, nubes”. Destaca Alberto Sierra Maya.

EL PADRE, EL ENCARGO Y UN CRISTO DESNUDO

Para su hermano, Carlos Arosemena Lacayo, lo que puso a Justo “en el mapa de verdad” del arte fue cuando este conoció, en 1971, al padre Rafael García Herreros, que tenía en Colombia un popular programa de televisión llamado El Minuto de Dios. “Todo el mundo lo escuchaba, él hablaba y no perdonaba”.

El padre le pidió a Justo en una exposición en Bogotá que le regalara una obra con unas manos rezando; Justo se negó y le explicó que esta obra era de su madre y que se la había regalado a ella. García Herreros “lo perdonó” con la condición de que le hiciera un Cristo. Justo creyó que no lo vería más nunca y se regresó a Medellín, pero un mes más tarde tocaron a su puerta: era el padre García Herreros preguntando: “Justo, ¿dónde está mi Cristo? Justo le mostró bosquejos que había hecho de otros Cristos por toda Colombia, pero no le gustaron al padre, quien exigió que fuera de tamaño natural y desnudo.

Justo respondió: “¿Cómo voy a hacer eso? Me van a excomulgar”. García Herreros le dijo que así murió Cristo y así lo quería. “Fue tan famosa la inauguración de ese Cristo que hizo escándalo en Colombia, pero allí está en El Minuto de Dios, la congregación de 100 mil feligreses que creó el padre García Herreros. Allí arrancó con todas las obras escultóricas que tiene por Colombia”.

Transcribo de https://www.youtube.com/watch?v=qmpeO__lBA4 lo siguiente:

“El Cristo desnudo es una obra del artista panameño Justo Arosemena Lacayo, realizada entre 1970 y 1971, año en que fue donado para el barrio Minuto de Dios, pieza erigida entre aclamaciones y protestas por su gran impacto visual. Actualmente hace parte del espacio escultórico del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá. La obra hace parte de un momento particular de la historia del arte colombiano donde los artistas utilizaban materiales tradicionales tales como bronce, mármol y piedra caliza; en el caso de Arosemena, el uso de la chatarra genera una estética particular, para sus esculturas donde predomina la presencia de la figura humana. La idea del artista fue crear una pieza en hierro que representara un cristo más humano, frágil y en completa desnudez, lejos del estereotipo religioso. Arosemena fue uno de los doce mejores escultores de los primeros cien años del periodo republicano. El artista eligió a Colombia como su segunda patria y desarrolló aquí toda su producción estética.

CONTINÚA.