Opinión - 14/6/17 - 12:00 AM

Tesoro escondido

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

El Reino de los Cielos es similar a un tesoro escondido que un hombre descubre en un terreno que no le pertenece, pero muy contento por haberlo hallado, va y vende todo lo que tiene para adquirir el terreno. Jesús presenta al discípulo que se encuentra con el evangelio, como alguien que descubre algo muy valioso y por lo que vale la pena sacrificar todo.

Ante esta perspectiva, hoy día nosotros nos encontramos frente a un muro que llamamos comodidad. Como todos sabemos, debido a la concupiscencia, en muchas ocasiones nos resulta más fácil el mantener nuestros vicios que practicar la virtud. Ante esta situación se habla de vivir una vida sacrificada y sufrida para alcanzar el tesoro del evangelio.

San Francisco de Sales escribió con mucha fineza al respecto al decir que en el pasado hay santos que hicieron cosas que son más dignas de admirar que de imitar. Porque el verdadero sacrificio que le agrada al Señor, no es a quien se maltrata el cuerpo, sino que se trata de esforzarse por el bien de los demás, por amor a Dios.

San Francisco de Sales, en la Introducción a la Vida Devota, nos enseña que el sacrificio más agradable a Dios no es aquel que nos imponemos, sino el que recibimos humildemente como voluntad de Dios. Por ejemplo, habrá momentos en los que el Señor nos otorgará el regalo de la salud y podremos disfrutar de equilibrio mental y corporal. Este don debemos cuidarlo por respeto y amor al Creador y aceptarlo con toda humildad, dándole gracias. Porque llegará el día en que el Señor permitirá que nos toque la enfermedad y debemos aceptarla con amor, sabiendo que Dios la permite por un bien superior.