Opinión - 14/6/17 - 12:00 AM

Tribuna

Por: Por: Josefa Marín Rubio Periodista -

Una persona a la que admiro me dijo que desde esta tribuna podía contribuir a lograr cambios en la sociedad. Que cada individuo tiene que ayudar a facilitar mejoras dentro de su comunidad, sea con un comportamiento mejor, participando con alguna actividad o idea, así como permitir que otras personas con sus buenas acciones transformen el entorno a beneficio de la mayoría y, de forma responsable, dejar de ser cómplice de las actitudes negativas que dañan el buen hacer de un país. Actuar en consecuencia y más aún comprender nuestro papel en esta compleja estructura llamada sociedad es un arduo camino de decisiones, sacrificios y esfuerzos vitalizados por la disciplina y voluntad de cooperación.

Son muchos los ejemplos que se pueden dar con base en este planteamiento que, más que tema filosofal o psicosocial, tiene un profundo carácter ético y humano. De forma sencilla, podemos señalar el problema vital de la falta de medicamentos que alivien o permitan la esperanza de sobrevivir a los pacientes de distintas enfermedades que causan desasosiego al espíritu de pacientes y familiares. La ausencia de ellos es motivo de consideraciones incluso pesimistas y hasta de protestas que, como un “grito en el silencio”, trasciendan el materialismo o ineficiencia de un sistema que socava cualquier acto de cambiar la mera burocracia institucional, que se ha convertido en la idiosincrasia de Gobiernos con poca o ninguna respuesta social.

No menos se observa en otros temas de salud social, en los que la característica principal es el poco accionar de políticas ciudadanas que promuevan el desarrollo del Estado y no solo la nación porque, a mi parecer, debe ser un conjunto, un actuar integral para hablar de verdadero desarrollo como tales. El conflicto diario de la recolección de desechos a nivel nacional, la constante pérdida de agua y facilitación de este vital líquido a todos los niveles, el constante sentimiento de inseguridad que conlleva a generar padecimientos como estrés, depresión, entre otros, ante la indefensión en situaciones de violencia de toda índole porque el sistema no funciona para resolver los problemas que afectan por igual a la ciudadanía. Ni qué hablar de un transporte donde la educación y buena cultura no se muestran como factores de fondo para adecuarlo a las necesidades públicas. Tanto es así que un dirigente del transporte selectivo me hablaba muy serio de que en esto hay una intrínseca responsabilidad del Instituto Nacional de Cultura… Como vemos, es mucho lo que hay que enmendar y tomar en cuenta desde la buena organización ciudadana e institucional.