Trigo y cizaña
En la parábola del trigo y la cizaña vamos a encontrar la interpretación que Jesús le da a su parábola. Vemos que nos dice que la buena semilla son los ciudadanos del Reino de los Cielos y que las cizañas son los partidarios del maligno. Pero con el tiempo y con una reflexión un poco más profunda nos percataremos de que nosotros mismos los que pretendemos seguir a Jesús en algunos momentos somos trigo y en otros somos cizaña.
Que si bien es cierto, podemos tener una opción fundamental en el seguimiento de Cristo, nuestro comportamiento muchas veces nos lleva a caer en el pecado y hasta en el escándalo convirtiéndonos en cizaña. Esto nos debe llevar a reflexionar que de igual forma en nuestros corazones debe haber trigo y cizaña. Y de la misma forma que en el campo de la parábola crecen junta el trigo y la cizaña, de esta misma forma en nuestro corazón.
Esto nos convoca a ser muy cuidadoso en nuestro discernimiento de las actitudes de nuestro corazón. Por eso es sumamente importante para nuestro desarrollo espiritual la confesión frecuente y la guía de un director espiritual experimentado que nos ayude a ir poco a poco encontrando dónde tenemos el trigo dónde está la cizaña en nuestro interior.
Esta reflexión también nos debe llevar a ser más comprensivo con nuestros hermanos y vislumbrar que ellos, al igual que nosotros, están luchando en su corazón para librarse de la cizaña que aún tienen. Esta parábola nos invita a ser manso como paloma y astutos como serpientes en el discernimiento de nuestra propia vida. Porque nuestra lucha no es contra carne ni sangre, es decir, sino contra el mal que habita en nuestros corazones.