Opinión - 09/7/17 - 12:00 AM

Vino la carretera y se fueron huyendo el ñame, la yuca y los frijoles

Por: Por: Julio César Caicedo Mendieta -

Paradójico. Así me lo dijo don Juan Ortega, uno de los campesinos más longevos y próspero de Marta, Coclé, al ver en construcción la vía hasta ese confín de DS. El éxodo ha sucedido a cuanto pueblo inaugura una costosa vía de esas. Los jóvenes se van, sin pensarlo dos veces. La culpa la tiene el Estado que jura que con la carretera cumple a cabalidad, mientras sigue aturdido en el sector terciario de nuestra economía de servicios. Los pocos pelaos que quedan en las montañas prefieren escapar a la capital para, entre otras cosas, como nos decía el finado “Chinchorro”, aumentar el gasto público, sencillamente atraídos por un engañoso oropel. Es que no hay quién compre ni pague los millonarios excedentes de subsistencia que producen los cholos, Panamá prefiere importar.

El Estado panameño es disfuncional no es capaz de entregarnos infraestructuras básicas para un verdadero desarrollo. Se nos acabaron los estadistas con dos dedos de frente. Solo Victoriano, Porras, el “Fufo” y Omar, estos dos últimos antagónicos llevaron las recuas de mulas de nuestro progreso, merced al empuje independentista y de nación que venía antes de 1903. Ahora se dan palos de ciegos, casi toda la energía de la nación lógica se terminó con la entrega del Canal en 1999. Tenemos plata, pero no sabemos qué hacer con el país, inmersos en esta jauja de política hirsuta, áspera y grosera.

Un bachiller agropecuario o cualquier persona que se dedique a la agricultura verdulera y de granos básicos ganaría más que un oficinista capitalino si hubiese una institución que les comprara y pagara todo el producto para que fuesen parte de los millones de dólares anuales que el Gobierno paga puntualmente a las empresas nacionales y extranjeras que les cocinan a los presos, a los hospitales y manicomios con productos importados, claro si esos cocineros son también accionistas con los importadores, ¿para qué van a comprarles a los cholos? ¡Ah! Y no les importa un pepino con los productores de arroz, maíz, cebolla ni papas locales... Clarito, el Estado se ha convertido en uno de los principales problemas económicos y políticos del país, que camina hacia los brazos de un alcoholismo totalitario. Reconózcanlo y resuélvanlo, que vamos de espaldas hacia el estercolero.