Acetaminofén
El médico llegaba a su consultorio en el Seguro y comenzaba a llenar recetas de acetaminofén. Eran más de diez, según me dijeron. A la mayoría de sus pacientes del día les daba esa receta. Así podía atender la enorme cantidad de personas que buscaban salud. Por lo general, terminaba bastante rápido las atenciones del día. A varios de sus colegas confesó “su truco”. Cuando algunos comentaron que no atendía bien a los pacientes, dijo que muchos iban al Seguro por cosas sin importancia y la acetaminofén podía ayudarlos. Por eso, a sus espaldas, doctores y enfermeras lo llamaron “Dr. Acetaminofén”.
Otro trabajaba en un consultorio popular particular. Al día daba varias incapacidades. Los días lunes era cuando más negocio había, con obreros que buscaban la incapacidad para que no les descontaran el día de ausencia. Un conocido le comentó que estaba dando certificados falsos. Muy serio dijo que prefería incapacitar a un borracho porque evitaría que él o algunos de sus compañeros sufrieran daños por las malas condiciones del trabajador.
También supe de un doctor que recetaba en su clínica privada “placebos” (sustancias que no son medicinas). Lo hacía cuando creía que el paciente no tenía ninguna molestia. Con esa falsa medicina, a veces “se curaban” y se lo agradecían, como me conversó en confianza. Yo me callé para no preguntarle si hacía alguna rebaja en la consulta. Recuerdo que se justificó diciendo que unas vitaminas no le hacían daño a nadie…
Estos casos los investigué hace unos veinte años, debido a informes de “mala práctica” que tuve de algunos médicos, que por cierto eran minoría. Pude entrevistar a conocidos, quienes en confianza y ante la seguridad de que no publicaría sus nombres, me confirmaron y aclararon esas situaciones. Una vez, un médico que atendía a un pariente anciano me confesó que realmente no tenía nada de malo. Me pidió que lo llevara de todas maneras porque hablar de “sus males” con el médico le hacía bien y justificaba el gasto de la consulta.
Explicó que hay personas “hipocondríacas”, que suponen que tienen males que necesitan atención médica. Él también daba vitaminas para “curar” los “males” de sus pacientes, quienes en su mayoría estaban agradecidos por sus “aciertos”. La investigación indicó que, a veces, la mitad de los que se atendían en un día en consultorios privados o públicos realmente no sufría enfermedades. Eso llamó mi atención porque, por lo general, lo que sobran son enfermos buscando salud. Repito que esos casos son la minoría. Pensé en esa investigación al saber hace poco que unos periodistas descubrieron a alguien que daba certificados “brujos” de incapacidad.