Cruz
La llegada de la Cruz Peregrina a Panamá, con el icono de la Virgen María, se convierte en la antesala de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en el 2019.
De igual manera, sirve para recibir al papa Francisco, quien con su presencia atraerá a miles de jóvenes y adultos para participar en este evento de trascendencia internacional.
Ver a la juventud panameña recibir la cruz de la esperanza y la paz nos llena de optimismo porque se trata de una generación que necesita motivación para alejarse de la delincuencia y los vicios.
Esta actividad nos hace recordar cuando la asistencia a la misa dominical era algo normal, así como las confesiones y la comunión, una necesidad.
En muchos hogares, la Virgen María y otros santos se colocaban en un lugar principal para elevarles oraciones que protegieran a quienes lo habitaban.
Asimismo, las madres visitaban el templo donde rezaban el rosario o el viacrucis, siempre pensando en su familia.
En el hogar había siempre un espíritu que fortalecía la voluntad ante las tentaciones que existían en las calles.
En una formación cristiana, la mujer se daba a respetar y preservaba su integridad hasta tanto llegara al matrimonio.
Esta forma de vivir creaba un compromiso con los más necesitados y con la sociedad toda.
La presencia de la Cruz Peregrina nos permite a los padres y abuelos volver a inculcar la religiosidad con que se nos formó, ya que el consumismo nos ha apartado de Dios.