Opinión - 01/1/17 - 12:00 AM

Eduardo Augustine

Por: José Morales Vásquez Investigador de arte -

Con agrado y antes de continuar el artículo que transcribo, quiero reseñar a petición del maestro Augustine que – nació en la encantadora provincia de Bocas del Toro y que posteriormente se radicó en la también hermosa provincia de Colón-.

Durante su estadía en Madrid, Augustine visitó los grandes museos, y tiene la intención de regresar a España próximamente para recibir instrucciones en una de las más importantes academias españolas de arte.

Hemos sabido que hay largas listas de personas interesadas en adquirir una obra de Augustine, lo cual hizo de su exposición el pasado 20 en la Galería Habitante un nuevo éxito.

La Prensa/martes 5 de abril de 1983. Podemos apreciar dos cuadros del pintor, esas puertas de arcos y madera con el título “Augustine en la Sala Panarte”, según la nota periodística se puede leer: “Hoy, martes 5 de abril a las 8:00 p.m. inaugura en la Sala Panarte del Museo de Arte Contemporáneo, ubicado en Ancón, una muestra de 22 obras, el destacado artista colonense (sic) Eduardo Augustine.

De sus temas Augustine nos comenta: “Con el transcurso de los años y aún hoy, muchas personas que observan mis cuadros suelen preguntarme el porqué de esas casas condenadas, esas paredes viejas, esos niños descalzos, por qué esa pobreza existente en la mente y reaparece en un pintor tan joven y yo respondiendo a sus inquietudes digo: He estado viviendo 25 años en esas casas cuyo pisos se caen, cuyos cuartos no poseen la bendición de los rayos solares y donde muchas veces ni siquiera suele llegar el agua.

Por este medio la Sala Panarte invita a todo el público interesado a visitar esta importante muestra pictórica.

Ya son veintidós años dedicados al arte pictórico, un sueño y una realidad que se torna en pesadilla, pesadilla que nunca termina.

Vivir, yo he vivido para pintar y sigo pintando, mucha gente me pregunta: ¿Qué sientes cuando pintas?, siento que yo soy la pintura y tengo que pintarme para verme. Yo imagino los objetos como yo los pienso y los pinto como yo los veo.

Recuerdo mi primer viaje a España en 1979, hizo cambios muy positivos a mi carrera; las galerías, la Escuela de Bellas Artes (San Fernando) y más importante el Museo del Prado, al cual iba casi todos los días. Aprendí muchas cosas, era maravilloso ver todas esas pinturas tan enormes, cuando ya las había visto en revistas, tantos años, tantos siglos y aún permanecían intactas como si fueran acabadas de hacer, el Greco, Rubens, Velásquez, Goya y muchos otros, obras maestras llenas de recuerdos. Son realmente nuestros primeros pasos, y me dije: “si ellos lo pudieron hacer, por qué yo no”. Mi mente tomó otra dirección, porque realmente mi trabajo de hoy es el fruto de esa experiencia.

Todos mis cuadros en realidad son retos, retos que solo el lienzo y yo podemos descifrar. Vemos que hay dos clases de actividades psíquicas en los artistas: Los que saben que lo son y los que comprenden que pueden llegar a serlo. Los primeros trabajan seguros de sí mismo; los segundos inician su carrera cimentada en el esfuerzo y en el deseo de llegar a ser, trabajan, luchan, sufren, agonizan, gozan, padecen crisis, construyen castillos en el aire, perseveran, avanzan y, yo, pertenezco a estos últimos.

¿CRITICAR…PARA QUÉ?

Negar a un pintor, alabado o no por la crítica, su derecho a querer figurar, a ensayar en el traspaso de los muros sellados por los pontífices, es negarle a la pintura su perspectiva, cerrarle su futuro, traumatizar su posibilidad de ser su calidad vital de eterno aprendiz. Solo se aprende a pintar pintando. Y pintar, además significa mostrar para vender, para evaluarse y aunque el mercantilismo del arte sugiere prostitución del mismo, esta circunstancia constituye una propia búsqueda de género, de tono, de creación, de factor orientador, aun cuando al hacerlo se sacrifique su segura ubicación en la lista de nombres representativos.

Hoy en día existe una gran confusión en torno a lo que valen o no valen las obras de los artistas. Generalmente hay que estar matriculados en una corriente, sobre todo pertenecer a círculos de halagos de los grupos que destacan los valores y saben de la “moda del arte”.

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RESCATE DEL OLVIDO LES DESEA UN FELIZ AÑO NUEVO A TODOS NUESTROS LECTORES