¡Triste! Pasó dos años muerta en su sillón; nadie lo notó ni la ayudó
La muerte de Joyce dejó muchas dudas, desde las posibles causas que lo causaron, los regalos de Navidad preparados para alguien que nunca los recibió y su vida cotidiana.
Una chica llamada Joyce Carol Vincent se ha vuelto viral de la manera más triste posible, tras ser encontrada sin vida en su departamento, pero lo más terrible es que nadie se percató que su fallecimiento se había dado unos dos años atrás.
Según informes policiales, cuando entraron al departamento, no se encontraron signos de lucha ni de desorden. Es más, el lugar parecía intacto, detenido en una rutina que nadie interrumpió.
En el sillón, frente a un televisor que había permanecido encendido durante años, yacía el cuerpo reducido a huesos de una mujer que llevaba más de dos años muerta. A su alrededor, regalos de Navidad envueltos con cuidado que nunca llegaron a destino.
El terrible hallazgo ocurrió el 25 de enero de 2006 en Wood Green, al norte de Londres, durante un procedimiento de desalojo por una deuda acumulada.
Al parecer, nadie fue a buscarla, nadie denunció su ausencia, tampoco preguntaron por ella. Joyce había muerto en diciembre de 2003, según estimaciones forenses, sin que su desaparición alterara el ritmo de la ciudad.
¿Por qué nadie se percató?
Tras analizar las razones de ese silencio prolongado, todo indica que fue por una cadena de omisiones. Primero, el alquiler y los servicios públicos se pagaban automáticamente gracias a un subsidio estatal, lo que mantuvo activa la ilusión de una vivienda habitada.
Para el sistema, mientras las cuentas fueran pagadas no había motivo de alarma. Además, los vecinos creyeron que el departamento estaba vacío. El ruido constante del televisor no resultó extraño en un edificio ruidoso y los olores que se filtraron durante meses fueron atribuidos a contenedores de basura cercanos.
Lo triste es que cuando las autoridades ingresaron, el cuerpo estaba tan deteriorado que no fue posible establecer con certeza la causa de la muerte. No había tejidos para analizar, la puerta estaba cerrada con doble cerradura y no existían señales de violencia. Todo indicaba una muerte natural que pasó inadvertida.
¿Quién era la víctima?
Joyce Carol Vincent, era una chica que tenía 38 años cuando murió, había nacido en Londres en 1965, hija de migrantes caribeños, y su infancia quedó marcada por la muerte temprana de su madre. Abandonó la escuela a los 16 años, pero logró insertarse en el mundo laboral y durante un tiempo trabajó en una firma financiera reconocida.
En vida fue descrita como carismática, ambiciosa y socialmente activa. Incluso se la vinculó con eventos musicales y culturales de alto perfil en la década de los noventa. Pero, algo empezó a quebrarse, porque en 2001 dejó su empleo y comenzó un proceso de aislamiento del que casi no quedaron registros.
Ella se distanció de su familia sin una ruptura explícita. Pasó por refugios para víctimas de violencia doméstica y terminó viviendo sola en un complejo de viviendas asistidas. Trabajó en oficios precarios y redujo su círculo hasta desaparecer del radar de quienes alguna vez la conocieron.
Sus hermanas intentaron buscarla, contrataron a un detective privado y enviaron cartas que nunca fueron respondidas. Ese silencio fue interpretado como una decisión de no molestarla.
La muerte de Joyce dejó muchas dudas, desde las posibles causas que lo causaron, los regalos de Navidad preparados para alguien que nunca los recibió y su vida cotidiana.
Lo que si expuso el caso de Joyce Carol Vincent, es la cruda realidad incómoda de las grandes ciudades modernas de desaparecer sin dejar huella. No por violencia, sino por indiferencia de una sociedad a la que no le importa que le pueda pasara una ciudadana normal.