Opinión - 10/5/17 - 12:00 AM

La misión del Espíritu

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

El Espíritu Santo es realmente Dios, es la tercera persona de la Santísima Trinidad consustancial con el Padre y el Hijo. Es inseparable de ellos no solo porque comparte la única naturaleza divina, sino también en su misión hacia la creación. Nosotros adoramos un solo Dios en tres personas distintas y que cada uno cumple su papel dentro del plan de salvación. La voluntad divina es única desde toda la eternidad, pero ha querido que cada persona divina se apropie de un aspecto de la acción divina.

De esta forma, la acción de la Encarnación del Verbo vemos la acción del Espíritu Santo como principio de fecundidad de la Virgen María. A partir de este hecho, Jesús será llamado hijo del Altísimo porque se encarna por una acción directa del Espíritu Santo. También será llamado el Cristo, es decir, el ungido porque su acción y vida será llevada en plenitud de comunión con el Espíritu de Dios.

Jesús nos anuncia que una vez no esté visible entre nosotros será ese mismo Espíritu el que nos recordará sus palabras, vivificar la comunidad o Iglesia y nos llevará a la verdad completa. Por eso el Espíritu Santo en nuestras vidas es el que nos hace concebir a Cristo según la fe, llevándonos a cumplir la voluntad del Padre celestial, como dice la Escritura, nadie puede decir que Jesús es el Señor si no es bajo la guía del Espíritu Santo.

Por lo tanto, nuestra vida debe ser llevada por el Espíritu de Dios desde que lo recibimos en el bautismo y llegamos a su plenitud a través del sacramento de la confirmación. Muchas veces no somos consciente de su presencia dentro de nosotros.