Opinión - 15/5/17 - 12:00 AM

Meses

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Ha pasado cantidad de meses y todavía no vemos la “luz al final del túnel” de este terrible problema social. Y la situación sigue dándose por miles mientras los expertos hablan y hablan buscando la solución mágica. Aparte de las discusiones de gente sabia, han habido marchas a favor y en contra de fórmulas para evitar la continuación del hecho. Desde hace más de diez años, las autoridades y los técnicos se percataron del aumento de los embarazos en niñas y adolescentes. En los centros educativos mereció comentarios y hasta hicieron una ley para que las niñas embarazadas pudieran seguir estudiando como si nada especial haya pasado.

Esto fue muestra de no querer enfrentarse a una realidad que afecta a miles de familias panameñas. En los centros de salud se daba la alerta y comenzaron las estadísticas para registrar el fenómeno. Cuando estalló el escándalo, entonces aparecieron muchas personas a dar opiniones que, en lugar de explicar la situación, lo que hicieron fue enredarla. Hubo quienes imitaron al avestruz y metieron la cabeza en la arena para no ver la evidente falta de valores y el cambio de la moral en niños y jóvenes panameños. Como dicen en las veredas de Betania: “eso no se queda así, ¡se hincha!”. Ahora nos enteramos oficialmente de que cerca de 2,400 niñas han quedado embarazadas en los tres primeros meses de este año.

A pesar de todo el debate que se ha dado sobre lo que debe contener las guías de educación sexual, los chiquillos siguen haciéndolo. La realidad indica que no importa si deben ser los padres o los educadores los que orienten sobre sexualidad a los niños, las relaciones íntimas sin control siguen aumentando. Como sociólogo, haré algunas anotaciones sobre el problema para que se comprenda mejor. En primer lugar, es falso que la mayoría de estos embarazos precoces son violaciones. Tanto el niño como la niña lo hacen porque quieren. Me llama la atención en qué lugar y a qué hora esos pela’os tienen sexo sin que se den cuanta los adultos. No creo que lo hagan en los matorrales.

Las campañas para que se usen preservativos en las relaciones por salud y evitar embarazos no deseados son un fracaso en esos chiquillos. Advierto que en la mayoría de los casos no se llega al matrimonio. Tampoco hay pensión alimenticia para esos hijos. ¿Se convierte lo ocurrido en una experiencia para que no se repita? No siempre. No es raro que la chiquilla tenga embarazos con otros muchachos y que el flamante padre siga esparciendo su semilla sin ninguna responsabilidad. El asunto es muy serio para perder el tiempo en detalles y no buscar una solución efectiva. (Dice el Cholito Mesero que los diputados no deben reelegirse más de una vez para no tener que ver varias caras por muchos años).