Paradojas de la justicia
La condena a 60 meses, luego convertida a “trabajo comunitario” del reguesero conocido como El Tachi, quien fue sorprendido con un arma de fuego, sin tener la documentación para portarla, demuestra que existe un criterio de selectividad en las investigaciones y las penas que se imponen a los encartados.
No vamos a profundizar en el caso del exdirector de la Policía Nacional, Gustavo Pérez, condenado por tener un arma supuestamente ilegal, porque es un hecho que la opinión pública nacional sabe que se está cometiendo una tremenda injusticia con el exfuncionario.
Veamos los casos de jóvenes, a los que se les encuentran armas de fuego sin tener documentos para portarlas, los cuales son condenados a duras penas de cárcel, lo que convierte a un novato del delito en un criminal consumado, luego de salir de prisión.
Bien por El Tachi, este tropiezo con la ley no interrumpirá su exitosa carrera musical, ojalá el proceso le sirva de lección para que en el futuro no se meta en problemas.
La paradoja de la justicia humana es el doble rasero que aplican a sus actuaciones, hay centenares de jóvenes condenados o detenidos por situaciones similares, sin que puedan obtener este beneficio, que seguramente constituiría para ellos una nueva oportunidad.
Otro que seguramente le darán su tiquete de “pague y salga”, como si de un juego de monopolio se tratara, es el exlegislador Osman Gómez, pillado con un arma de fuego, sin tener el permiso, cuando pretendía abordar un avión, pero anda campante por la calle, gracias a las paradojas de la justicia.
Así mismo, en el caso del detenido Gustavo Pérez, después de ver cómo deciden los jueces, no hay más que concluir en que el expolicía, que rindió un servicio al país, no es más que un rehén del odio, la injusticia y la selectividad judicial, al igual que otros que también merecen la oportunidad de que les reemplacen la pena por “trabajo comunitario”.