Seguridad y Colón
La provincia que durante muchos años se conoció como la “tacita de oro”, atraviesa hoy por una cruel realidad en la que los protagonistas principales son la miseria, crisis económica y la delincuencia, que parece imparable.
La famosa e icónica estatua del almirante Cristóbal Colón, regalo de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, a esta ciudad el 28 de marzo de 1864, ve muda como la otrora prospera ciudad, se ha convertido en un gigantesco guetto, tomado por las pandillas.
La seguidilla de homicidios que han sacudido la provincia en los últimos días ante la incapacidad gubernamental, debe movernos a la reflexión, sobre todo de los colonenses.
Hay una Policía que no se atreve actuar porque su jefe -el mandatario- improvisa y juega a dos bandas con la propaganda, la política y el cuento. Ahora se inventa una Fuerza de Tarea Caribe, antes fueron los fracasados Barrios Seguros, mañana sepa Dios cuál será la creación.
Ahora vienen con un plan cuadrante para dividir las calles de Colón y asignando a comisionados en cada uno con la esperanza de frenar la violencia, cuando las especialistas recomiendan patrullajes tácticos y vigilantes apostados en los edificios de la ciudad.
La responsabilidad del fracaso de la seguridad en Colón es del Ejecutivo con su constante improvisación y su falta de carácter para exigir resultados efectivos a la Fuerza Pública, cuyos oficiales hoy día están mejores pagados que nunca.
A pesar de todo, los colonenses deben empinarse sobre las dificultades y no dejar que el mal triunfe en la provincia. La situación de esta región del país es grave es por ello, que sin demagogias, el gobierno debe meterle la mano con todo a la provincia.