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Los entuertos de Mejía arrastran a Carrasco

Por: Redacción Crítica -

La presencia inusual y hasta anormal del magistrado Jerónimo Mejía en la Corte Suprema de Justicia y en la Sala Penal, provocó a lo largo de seis meses decisiones cuestionables en el proceso pinchazos contra el exmandatario de Panamá, Ricardo Martinelli, que ahora se tratan de enmendar en el tribunal colegiado del Sistema Penal Acusatorio (SPA).

Mejía -a sabiendas de que desde la renuncia de Martinelli al Parlacen no tenía competencia como magistrado de garantías-, insistió en ello y hubo que esperar hasta diciembre que el pleno de la Corte, en votación de 7 a 2, declinara la competencia.

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Pero antes de eso cometió toda clase de arbitrariedades, como el que la mera admisión de una compulsa de copias del Ministerio Público en procesos contra un diputado equivale a imputación de cargos; que un año de detención de Martinelli solo se considerará si es condenado y no como un arresto provisional, a pesar de que la orden fue dictada por la propia Corte. Luego, a sabiendas de que el pleno de la Corte declinaría la competencia, formalizó la apertura a juicio oral.

Pero ahora que se trata de enderezar las actuaciones de un magistrado que debió haber dejado el cargo hace 16 meses, su permanencia en la Corte está provocando incomodidades en la Sala Penal y en el Pleno, sobre todo con lo que tenga que ver con Ricardo Martinelli.

Un analista en temas jurídicos advierte que esa permanencia anormal de Mejía implica lo mismo para su suplente Luis Mario Carrasco. Los ejemplos son claros y escandalosos. En la apelación del Habeas Corpus de Martinelli, el togado Carrasco firmó la detención provisional en diciembre de 2015, luego firmó la revisión de la medida cautelar en junio de 2018 (o sea, él mismo revisó su decisión) y la semana pasada integró la Sala Penal para decretar legal la detención provisional de “El Loco”, algo que ese mismo magistrado firmó en diciembre de 2015.

Así las cosas, la falta de ratificación del magistrado Luis Tapia, reemplazo de Mejía, no solo tiene consecuencias negativas para la elección de la nueva directiva de la Corte, sino para casos pendientes como el de Ricardo Martinelli.

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