¡Un nuevo comienzo luego del huracán Eta!

¡Un nuevo comienzo luego del huracán Eta!

Por: Yorlenne Morales / Crítica Impreso -

Un nuevo comienzo es la única opción que tienen las familias afectadas en Tierras Altas, provincia de Chiriquí, una de las zonas más afectadas por las inundaciones, secuelas del huracán "Eta".

Los que han podido regresar a lo que queda de sus hogares, reflejan es sus rostros las incógnitas y la impotencia de no haber podido salvar casi nada, solo la vida.

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Casas sepultadas en arena de río, completamente inhabitables, la mayoría de los comercios destruidos, pérdidas de cultivos, vías colapsadas, la desesperación de muchas personas que esperaban noticias de sus familiares que aún no habían sido localizadas por las autoridades e incertidumbre, es el triste escenario de Tierras Altas.

Liseth Guerra tenía 17 años de vivir en Bambito, pero la crecida del Río Chiriquí Viejo destruyó absolutamente su casa, dejándola inhabitable.

La señora Liseth contó que ella vigilaba el río ya que siempre temía que algo así iba a ocurrir, y presentía que iba a perder todo, "cada vez que llovía yo siempre tenía el temor de que el río iba hacer esto, ya que hace muchos años atrás pasó algo similar".

Relata que logró salir una hora antes del desastre, sin la oportunidad de sacar nada. "Salí con mi hijo, y no supimos más nada, cuando tuve acceso dos días después de regresar a casa y ver que no había quedado nada fue impresionante para mí, muy triste ya que es el único terreno que tengo para construir".

Liseth ingresó a lo que quedaba de su casa y observó que en efecto no había nada que recuperar.

"Yo soy una pequeña agricultora, en la parte de atrás de mi casa yo sembraba repollo, apio, y todo eso se perdió, todo eso quedó vuelto arena", expresó. Y así como ella dijo que su hermana que vivía detrás de su casa, lamentablemente también perdió todo.

"Yo siempre he dicho que la vida es más importante", expresó esta residente de Bambito que actualmente está refugiada en casa de unos familiares, pensando qué hará para volver a empezar.

En uno de los albergues, específicamente el de la Escuela de Paso Ancho, en Volcán, Máximo Santos, contó que vivía con sus dos hermanos en unos cuartos que le alquilaba su jefe en una de las fincas que se vio afectada por las inundaciones.

Dijo con lágrimas, y voz quebrantada: "perdí todo, cómo voy a recuperar, como voy a tener mis cosas nuevamente".

Máximo Santos tenía 20 años de vivir en Bambito, pagando $50 por mes de alquiler y al momento del desastre, perdió lo único que tenía,: "$290 dólares, perdí mi televisor, ropa, cama, perdí todo al igual que mis hermanos, lavadora, colchón".

Está preocupado porque a causa de las inundaciones no sólo perdió sus pertenencias, también el trabajo, "no sé qué voy hacer ahora porque pagaba cada mes $50 de alquiler y ahora no tengo trabajo, no tengo dónde vivir, tendré que negociar con mi jefe, no sé qué nos dirá, les pido su ayuda por favor".

Fluvio Santos, es otro de los damnificados, que aunque agradece a Dios porque se pudo salvar junto a su familia, no deja de estar triste porque perdió todo.

"Perdí mi casa que era de ranchito y todo lo que había adentro: lavadoras televisor, cama, colchones, las cría de pollo, mis cultivo de lechuga, tomate, cebolla, ", expresó.

Relató que eran cinco las casas en su terreno y todas quedaron sepultadas de piedra y arena, "no hay nada que recuperar".

Si usted caminaba por Bambito después del desastre, podía observar a los dueños de los negocios tratando de salvar la poca mercancía.

Javier Acosta cuenta que labora en un almacén donde se dedican a la venta de mangueras, bomba de motor, güira, manguera de presión y equipo para la actividad agrícola, pero por las inundaciones perdieron más de 70% de la mercancía, "vamos a ver qué rescatamos adentro porque está todo lleno de lodo".

Una ciudadana asiática, trataba junto a sus empleados, de sacar agua y lodo que inundó su minisuper y carniceria.

Hoy por hoy, las más de 600 viviendas afectadas han dejado en la incertidumbre a una gran cantidad de damnificados que en los albergues esperan las donaciones y ayuda que les puedan brindar, mientras piensan qué será de sus vidas en los próximos meses.

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