Nacional - 29/1/26 - 06:18 PM

Dos plátanos, una rabia: así le hablaron a la justicia en su propia casa

Una protesta silenciosa dejó una pregunta flotando frente a la justicia.

 

Por: Redacción / Crítica -

¡Qué locura! Un carro se detuvo frente a la Procuraduría General de la Nación sin escándalo. De él bajó un ciudadano con el rostro cubierto y dejó dos cabezas de plátano en plena entrada.

El encargo tenía un mensaje. En un papel blanco se hablaba de desigualdad en la aplicación de la justicia, de la rabia que siente la gente cuando la ley castiga sin piedad a unos y a otros los deja pasar. Un reclamo directo, sin gritos, pero pesado.

El sujeto colocó los plátanos, miró alrededor y se fue en el mismo vehículo, una camioneta de lujo, color blanco, sin placa. Todo ocurrió ante la vista del equipo de seguridad del edificio, que en ese momento no intervino. ¡No entendían lo que pasaba!

Minutos después, personal de seguridad y unidades de la Policía Nacional retiraron los plátanos y los llevaron dentro de la Procuraduría. Pocos minutos después el auto volvió a pasar y lanzó volantes con el mismo mensaje, esparcidos frente al edificio.

El texto era claro: la protesta no era personal. Era institucional. Denunciaba que la corrupción no solo vive en la calle, y que la ley no se aplica igual para todos

Los plátanos, decía el mensaje, simbolizan la diferencia brutal en el trato según quién esté involucrado.

El hecho conecta directo con lo ocurrido días atrás en Changuinola, donde dos personas fueron detenidas por robar dos cabezas de plátanos, mientras casos de alto perfil avanzan con otra velocidad, otro trato, otra calma.

La acción provocó movimiento. Escoltas y seguridad se desplegaron por avenida Perú y alrededores, tratando de ubicar el vehículo, que no tenía placa visible. Se hicieron revisiones, pero no hubo hallazgos.

Las imágenes captaron el momento: el ir y venir de unidades, la tensión tardía, el intento por reaccionar. La alerta llegó después, cuando el mensaje ya estaba puesto y visto.

La seguridad se llevó los plátanos. El mensaje quedó claro, directo, incómodo. Una protesta silenciosa que dejó una pregunta flotando frente a la justicia panameña.