Show - 21/2/26 - 06:09 PM

Egos, plata y salsa: La guerra fría que separó a Willie Colón y Rubén Blades

Fueron el "Dúo Dinámico" que cambió el mundo, pero el dinero y el orgullo levantaron un muro entre ellos. De los escenarios de Nueva York a una demanda de miles de dólares: así se rompió la alianza más grande de la salsa.

 

Por: Redacción / Crítica -

Durante los años 70, no había quien les tosiera. Eran los dueños de la calle, los arquitectos de una revolución musical que puso a bailar al mundo mientras le sacudía la conciencia. Willie Colón ponía el "malle" y el arreglo sucio del Bronx; Rubén Blades ponía la letra fina y la crónica del barrio. Parecían inseparables, pero el éxito, ese monstruo de mil cabezas, terminó por pasarles factura.

La plata: El veneno de la amistad

Dicen que "cuentas claras conservan amistades", y aquí fue donde la puerca torció el rabo. Detrás de los aplausos de 'Siembra', el disco más vendido en la historia de la salsa, empezaron los susurros por el billete.

Blades, un joven panameño con hambre de justicia social, quería que el reparto fuera parejo y pedía más control sobre sus letras. Del otro lado, Colón no era solo el del trombón; era el productor, el que ponía la plata y el nombre ante la maquinaria de la Fania. Ese choque de roles —el artista contra el empresario— fue el primer gran frentazo.

Dos gallos en un mismo gallinero

No solo fue el dinero. Fue un asunto de visiones. Mientras nuestro Rubén quería meterle política y cine a la salsa, Willie buscaba un sonido más experimental pero con ojo clínico para el negocio. Eran dos genios con un ego del tamaño del Puente de las Américas.

Con el tiempo, la distancia se hizo un abismo. Rubén se volvió estrella de Hollywood y político en su tierra; Willie se quedó como el guardián del sonido rudo y una figura de opiniones ácidas en redes sociales. El respeto seguía ahí, pero la química se había evaporado.

El mazo de la justicia en Nueva York

Lo que muchos pensaron que era un simple "berrinche" de artistas, terminó en la corte. En 2017, la bomba estalló: Willie Colón demandó a Rubén Blades por unos 115 mil dólares. ¿El motivo? Supuestas deudas de unos conciertos de reencuentro que no terminaron de cuadrar.

Colón exigía cuentas; Blades juraba que todo estaba pagado y que el reclamo no tenía pies ni cabeza. Fue el triste final mediático para una dupla que nos enseñó que "la vida te da sorpresas".

Un legado que no sabe de pleitos

A pesar de las demandas y las indirectas en X (antes Twitter), la historia no miente. La tensión entre ambos, ese roce constante de dos piedras grandes, fue lo que quizás hizo que su música fuera tan perfecta.

Hoy, con la partida del ‘Malo del Bronx’, el conflicto queda en un segundo plano. Porque cuando suena un trombón y arranca la letra de 'Pedro Navaja', nadie piensa en abogados ni en cheques. Ahí, en ese segundo, Willie y Rubén vuelven a ser uno solo. El mundo llora a Willie, y en Panamá sabemos que, más allá de las peleas, su música es el himno eterno de nuestra calle.