¿Asesinato de Wilfredo desata la guerra entre sicarios del oeste? Van 4

El primer crimen ocurrió el pasado 18 de septiembre y se han sumado 3 asesinatos más. En septiembre del 2018 se reportaron también cuatro asesinatos en él área.
Unidades de la Policía Nacional mantienen vigilancia del área. Foto: Landro Ortiz

Unidades de la Policía Nacional mantienen vigilancia del área. Foto: Landro Ortiz

Por: Jorge Luis Barría / Eric Montenegro -

La guerra entre pandillas podría ser el detonante de los últimos crímenes registrados en Panamá Oeste, enfrentamientos que mantiene a una comunidad atemorizada, sin saber qué hacer.

Todo pudo generarse el pasado 18 de septiembre, día que asesinaron a Wilfredo González, quien era residente en el Corregimiento de Guadalupe.  Los sicarios lo siguieron y desde un auto en marcha le hicieron las detonaciones en la autopista Arraiján-La Chorrera, a la salida de Costa Verde, con dirección al interior del país.

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González murió dentro de su auto, de color negro, tras recibir más de ocho impactos de bala en diferentes partes de su cuerpo, pero nadie ha sido capturado, ni hay personas señaladas.

Desde entonces, los crímenes y atentados con arma de fuego no han parado, centrándose en dos áreas marcadas como rojas: Guadalupe y La Pesa, en esta última vivía Wilfredo.

Horas después del crimen de González, Alex Ramsés Araúz de Gracia, de 23 años, recibió al menos cinco impactos de bala, mientras caminaba por el sector de Cerro Negro, también corregimiento de Guadalupe.

El hombre fue llevado al hospital Nicolás A. Solano, gravemente herido, pero murió


¿Hubo equivocación en muerte de ‘Osito’?

No habían pasado ni dos días de los ataques en La Chorrera cuando la sangre volvió a teñir el área oeste, esta vez en el sector de El Diamante, en el distrito de Arraiján.

Eran cerca de las 2:00 de la madrugada, del domingo 22 de septiembre, cuando varios sujetos aprovecharon la poca luminaria y el mal estado de la calle, para ingresar a la casa de la familia de José del Carmen Mendoza Cinea, y asesinarlo mientras dormía.

Tres perros estaban en el portal aquella madrugada, pero ninguno ladró al momento que los homicidas ingresaron a la residencia luego de tumbar la puerta.

Los asesinos ingresaron a la habitación donde estaba “Osito” dormido y por lo oscuro del cuarto le hicieron las detonaciones en la cara, los disparos alertaron a los moradores, quienes se asustaron de lo ocurrido, mientras que dentro de la casa, el miedo se apoderó de los demás ocupantes.

“Este no era” fue lo que dijeron los sicarios al virar el cuerpo de “Osito” y percatarse que no era la persona a quien buscaban para matar, en realidad buscaban al hermano menor de él, quien no se encontraba en casa, contó a Crítica, una persona allegada al proceso.

Al darse cuenta que se habían equivocado, uno de los sicarios empezó a preguntar a los demás familiares dónde estaba el sujeto que ellos buscaban, pero al intentar disparar nuevamente el arma de fuego, la munición explotó en su mano, causándole en una herida.

De inmediato los sicarios salieron corriendo y se subieron en un auto color gris que los esperaba en la vía principal de la zona para darse a la fuga.


Nadie vio nada, ¿silencio por temor?

La tarde del mismo domingo 22 de septiembre, luego de la muerte de “Osito”, las balas volvieron a sonar en un campo deportivo en el sector de Llano largo, corregimiento de Guadalupe.

Se jugaba el cuarto partido, de la segunda fase de una liga de fútbol que se realizaba cada domingo, donde quedaban 12 equipos de 16 que iniciaron, entre esos uno de del área de Guadalupe, llamados “Los Butaclam”.

A este equipo pertenecía Luis Navarrete Smith, quien aquella tarde se disponía a comerse unos chorizos y un tamal, tras haber terminado su juego y caminó hacia una caseta, en el cuadro de la casa comunal del área, pero su verdugo llegó en un taxi y se fue directo a donde él y le propinó tres disparos en la cabeza.

“Todos quedaron sorprendidos, porque pensaban que era una bombita” dijo un residente que estaba en el juego, pero que cuando vieron que Navarrete cayó al suelo lleno de sangre, todos corrieron, otros se montaron a sus autos y se fueron.

A pesar que el estadio estaba más llenó de lo normal, el sicario, al igual que las demás personas, corrió al taxi, en el que supuestamente llegó, pero según testigo: nadie vio nada, ni quien era, ni en que se dio a la fuga.

A raíz de lo sucedido la liga fue suspendida, ya que los promotores temen a que algo similar vuelva a pasar y esta vez sean más las personas fallecidas.

Hasta los educadores del centro cercano, optaron por dejar de ir a impartir sus clases de educación física, por miedo a que les suceda algo a los alumnos, comentó un lugareño.

Por este crimen, no hay nadie aprehendido, ni se ha determinado el móvil por las autoridades, ya que la cooperación de los testigos es escasa, quizá por el miedo a represalia de los agresores.


Murió en brazos de su padre

A pocas horas de que culminara el domingo, las unidades policiales se alertaron una vez más, una mujer fue impactada de bala en el sector de La Pesa, corregimiento de Guadalupe.

Se trata de Isaura Coronado, de 27 años y madre de tres niñas, quien se encontraba en una celebración en la residencia de sus papás, junto a amistades y familiares.

Cerca de las 11:00 p.m., Isaura y el papá, salieron a la esquina y se colocaron cerca a un árbol para esperar un taxi, porque una amiga de ella se retiraba de la fiesta, pero de pronto, sujetos a bordo de un auto, de color gris, realizó las detonaciones, una de ellas la impactó en la cabeza.

“Ella era una muchacha inocente y la mataron frente a mí”, contó el señor mientras se sostenía de una pilastra en su residencia “Solo escuché el- tan, tan- y ella cayó bañada en sangre a mis pies” acotó.

“Esto fue algo espantoso”, indicó el apesadumbrado padre, quien dijo que no existen motivos para que su hija fuera asesinada tan cruelmente.

Isaura fue trasladada hasta el hospital, pero en horas de la tarde del lunes, se reportó la muerte.

Las investigaciones por este crimen se mantienen, ya que se desconoce, el por qué fue el ataque a la mujer.


El pánico se apoderó de docentes

El miedo por las balaceras y más muertes, también ha llegado hasta las aulas de la escuela Virgen de Guadalupe, en La Pesa, donde los docentes y padre de familias han comenzado a adoptar otras medidas de seguridad.

Algunos padres de familia han decidido no enviar a sus hijos a clases por miedo a que se registre alguna balacera y los niños queden involucrados.

Yo hablé con la maestra y preferí no enviar a mi hija”, contó una residente, quien dijo que es mejor que su hija esté en casa, a que le pase algo camino a centro.

Al respecto la dirección de la escuela ha optado por cambiar el horario de salida de la jornada vespertina, ya que hay estudiantes de zonas muy peligrosas y alejadas.

“Lo primordial es mantener la seguridad de nuestros alumnos”, destacó la subdirectora Marisol Vega, quien dijo que mientras la situación se calme la salida será a 5:00 p.m.

La docente indicó que desde finales de la semana pasada, mantienen vigilancia policial algo que en el pasado no se daba pese a las constantes solicitudes.

El día de hoy sostuvieron reuniones con personal del Meduca y de la Policía Nacional, para tomar medidas de seguridad.

Los residentes están solicitando la colocación de una garita policial en la zona, ya que de esa forma sentirán que hay más seguridad.

Durante el día, frente al plantel educativo, había dos unidades de la Policía Nacional, con fusiles, brindando la seguridad a los alumnos, así como la revisión de los autos que pasaban frente a la escuela, hasta se subían a los buses para revisar a sus pasajeros.

Sin detenidos ¿cuál es el móvil?

Las autoridades se mantienen en operativos constantes, a fin de evitar que más muertes se registren a causa de las posibles guerras de bandas rivales que habitan en la zona y a quienes les han endilgado los asesinato, pero que en realidad tienen que confirmar con las investigaciones.

Por el momento se desconoce si han capturado a los responsables de cada uno de los homicidios que se registraron en tan solo cinco días, tres de ellos en un solo día.

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