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¡El papa Francisco electrizó a Panamá!

El momento que los católicos y muchos otros panameños estaban esperando llegó ayer a las 4:16 de la tarde. La nueva terminal del aeropuerto de .Tocumen..

Por: Redacción Crítica -

El momento que los católicos y muchos otros panameños estaban esperando llegó ayer a las 4:16 de la tarde. La nueva terminal del aeropuerto de Tocumen estalló de entusiasmo por el aterrizaje del Airbus A330 de Alitalia llamado “Giovanni Battista Tiepolo” que traía al vicario de Roma, el primer pontífice latinoamericano de la historia: Francisco.

Frente a la pista había centenares de panameños y también peregrinos de la JMJ que llegaron desde la mañana para poder tener la mejor ubicación.

Al final de la alfombra roja de 14 mil dólares esperaban el presidente Juan Carlos Varela y la primera dama Lorena Castillo de Varela, y a pocos metros el arzobispo metropolitano José Domingo Ulloa, el cardenal José Luis Lacunza, el resto de la cúpula eclesiástica del país.

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Bailes y música típicos, polleras, montunos y alegría al estilo panameño recibieron al santo padre, que apareció por la puerta del avión a las 4:34 de la tarde. El fuerte viento casi le tumba el solideo, su gorro blanco papal y le removió la muceta que llevaba sobre su tradicional sotana blanca. La brisa hizo tambalear un poquito al papa de 82 años al descender por la escalera, tras cumplir un viaje de 13 horas. Abajo, el presidente y su esposa eran puras sonrisas.

Los que se preocuparon por ver a un papa cabizbajo y taciturno durante los himnos del Vaticano y de Panamá, vieron con alivio cómo Francisco pareció despertar cuando los miró directamente y se desvió para saludarlos con una amplia sonrisa.

Era como si el papa no podía aguantar que terminara el protocolo para compartir con el pueblo.

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La ceremonia incluyó el saludo a todo el gabinete que desfiló saludando con estrechones de manos y algunos besos al anillo plata del Pescador.

Aprovechando la alegría de los fieles, Varela -que lo seguía a medio cuerpo- agarró a un bebé de entre la multitud y se lo llevó al papa para que le besara la frente.

Sin duda que la llegada del papa fue una muestra de la fuerza de la Iglesia en Panamá y la región. Desde que salió el convoy de los terrenos del aeropuerto, decenas de miles de personas se pararon en la ruta para saludar a Francisco, que haciendo honor a su fama de humilde y campechano, pasó la primera parte de su ruta con la ventana abierta, ondeando su mano amigablemente sentado en un Toyota Prius azul oscuro.

A su lado iba el cardenal José Luis Lacunza.

Desde Tocumen y a todo lo largo de la ruta hasta la Nunciatura, unos incansables agentes del SPI escoltaban a pie la caravana vehicular y de motociclistas que custodiaban al sumo pontífice.

A la altura de Balmoral, en la vía Domingo Díaz, un sujeto que portaba una bandera venezolana se tiró a la calle al paso de la caravana y el carro donde viajaba Francisco tuvo que esquivarlo.

El cambio al Ford Ranger modificado en papamóvil se dio a las 5:33 de la tarde en la vía España, frente al hospital San Fernando y como pasajero lo acompañaba ahora José Domingo Ulloa. Muy cerca había una pancarta del expresidente Ricardo Martinelli: “Papa Francisco, para mí no hay justicia”.

El paso de Francisco saludando desde su papamóvil electrizó a la multitud en todo momento.

Por todas las zonas de la ciudad en que transitó Francisco había quien lo saludara. En la vía España, en Calidonia, Albrook y Clayton, el papa recibió tanto o quizás más calor que el que recibió Juan Pablo II, en 1983.

A las 6:15 p.m. Francisco llegó a su destino, la Nunciatura Apostólica, en Clayton. Ahí también hubo algarabía.

En la Nunciatura, un grupo de niños del ministerio “Amigos de Jesús y de María”, vestidos de santos salieron al encuentro del papa para brindarle una cálida bienvenida.

Entre los niños estaban José Cruz Dodero, de 10 años; José Miguel Spiegel, de 8; André Philippe Leignaider, de 7, y Nicole Spiegel, de 9 años. Quienes expresaron su alegría por encontrarse con el papa Francisco.

José Cruz eligió representar a san cura Brochero porque ambos son argentinos; Miguel a san Juan Diego, el santo mexicano al que se le apareció la Virgen de Guadalupe porque es uno de los santos patronos de la JMJ; André se inclinó por san Andrés Apóstol; mientras que Nicole eligió a santa Rosa de Lima porque es de Perú, la primera santa de América, y también patrona de la JMJ.

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