Panamá se planta en la OEA: Venezuela merece democracia y respeto al voto
Delgado exigió la liberación inmediata de todos los presos políticos, especialmente la del panameño Olmedo Núñez.
Panamá dijo hoy en la OEA que Venezuela necesita una salida democrática real, basada en el voto del pueblo y acompañada por la comunidad internacional.
Este martes, ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), la embajadora Ana Irene Delgado, representante permanente de Panamá, reiteró que el país no se va a hacer el loco frente a lo que pasa en Venezuela.
Panamá insiste en una transición pacífica, legítima y democrática, respetando lo que los venezolanos expresaron en las urnas el 28 de julio de 2024.
“Lo que pasa en Venezuela no se queda en Venezuela”, dejó claro Delgado. Además, advirtió que la crisis trasciende fronteras, golpea a toda la región y pone en riesgo la estabilidad democrática y la seguridad hemisférica.
La postura no es improvisada. Un día antes, el mismo mensaje ya había sido llevado por Panamá ante el Consejo de Seguridad de la ONU, a través del embajador Eloy Alfaro de Alba. Es decir, Panamá habla igual aquí y afuera, sin cambiar el libreto según el escenario.
La embajadora fue directa: el gobierno del presidente José Raúl Mulino está comprometido con el multilateralismo, la soberanía de los Estados y, sobre todo, con el respeto irrestricto al derecho internacional, tal como lo establecen la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana.
Pero el mensaje más fuerte vino cuando se habló sin rodeos de la realidad venezolana. Panamá observa con profunda preocupación el desconocimiento de la voluntad popular, el vaciamiento de las instituciones, el cierre de los espacios políticos y el uso constante de prácticas represivas.
“Se ha normalizado lo que no debe ser normal”, dejó entrever Delgado, al señalar que el país sudamericano vive una erosión sostenida de la democracia, empujando a un desenlace que calificó como profundamente lamentable.
Panamá fue aún más claro: no reconoce ni reconocerá a un régimen autoritario e ilegítimo que mantiene al pueblo venezolano atrapado en una de las crisis políticas, sociales, humanitarias y de seguridad más graves de la región.
El reclamo también tuvo nombre y apellido. Delgado exigió la liberación inmediata de todos los presos políticos, especialmente la del panameño Olmedo Núñez, detenido sin cargos formales, sin debido proceso y sin garantías consulares.
Para Panamá, eso no es un error administrativo, es una violación directa al derecho internacional, a la Convención de Viena y a los derechos humanos básicos.
Además, se recordó un drama que Panamá conoce de cerca: la migración forzada de millones de venezolanos, consecuencia directa de una crisis que el régimen no ha querido resolver y que sigue golpeando a toda América Latina.
Panamá no pidió invasiones ni sanciones a ciegas. Propuso una transición liderada por los propios venezolanos, con acompañamiento internacional y respaldo de organismos como la OEA, respetando el voto popular.
Porque, como se dijo, desconocer la voluntad del pueblo es legitimar el fraude, normalizar el autoritarismo y matar la democracia. Y Panamá, esta vez, no se quedó callado.