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Uno picado y el otro baleado, así fue el fin de los niños sicarios (vídeo)

El asesinato del familiar de uno de los pesados del área pudo ser la causante de la muerte y desaparición de los mellizos, sobre todo de “Pacorita” por quien llegaron a ofrecer hasta 20 mil dólares por la cabeza con la que posteriormente jugarían fútbol.

Por: Jorge Luis Barría/Web -

Asesinar para él pasó de ser un simple trabajo a una obsesión. Era tanta la adrenalina que todos los días tenía que hacer detonaciones con las armas de fuego que mantenía en su poder. En el bajo mundo lo llamaban “Pacorita”, aunque su nombre era Gerardo Rubén Olivares Piedra, quien a los 11 años se convirtió en el asesinó más joven que haya podido existir en Panamá.

Las manecillas del reloj marcaron las 2:00 de la tarde del 26 de noviembre de 1996, cuando en la sala de maternidad del Hospital Santo Tomás, Ofelia Piedra, trajo al mundo a “Pacorita” y junto a él a su hermano mellizo Ángel Rubén Olivares Piedra, conocido en el barrio como “Gordo”

Los que parecían unas inocentes criaturas, no fueron más que los “bichos” (como popularmente se les conoce a los delincuentes en los barrios denominados zonas rojas en la ciudad), más temidos en el sector de Samaria en San Miguelito.

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Las primeras semanas del primer grado en la Escuela Samaria Sinaí, era normal para los mellizos, así como para otros alumnos, un proceso de hacer amistades, y adaptarse a las enseñanzas de la maestra.

Pero el tiempo transcurrió y la actitud de los hermanos Olivares Piedra no cambiaba, se mantenían muy tímidos, siempre eran callados, y tenían un aprendizaje  más lento que los demás estudiantes.

Como Pinky y Cerebro fueron catalogados, ya que “Gordo” de niño hacía lo que su hermano “Pacorita” le decía, al menos fue lo que contó su maestra de primer grado, quien inclusive ante la falta de interés por el aprender tuvo que remitirlos a un psicólogo.

Tras su lento aprendizaje, la falta de alguien que los vigilara constantemente y les pusiera atención, cerca de los 9 años comenzaron a relacionarse con personas mayores que ellos que los llevaron al mundo de la delincuencia, al menos así lo dejó claro su madre, Ofelia Piedra.

Ya dentro del ambiente delincuencial, "Pacorita" y "Gordo" decidieron abandonar los estudios cuando cursaban el tercer grado, porque habían repetido dos veces el mismo año y por burlas de los demás alumnos decidieron no regresar más a la escuela.

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Tras conocer el retiro de los mellizos, su maestra tomó la valentía de acercarse a la casa de “Pacorita” y “Gordo”, en el sector 5 de Samaria para que regresaran al centro, pero para sorpresa de la educadora, “Pacorita” le dijo: “No maestra, ya no puedo salir de este mundo” y le mostró un arma de fuego que tenía en su cintura.

Desde entonces el monstruo despertó, el primer asesinato que se le atribuyó a “Pacorita” fue el del un ciudadano de un minisúper en Veranillo, donde ingresó al comercio para robar e hirió mortalmente al dependiente, quien falleció tras las heridas de bala que presentaba.

Su madre reveló a Crítica que en realidad su hijo asesinó a 35 personas en su trayectoria, pero que las autoridades solo le contabilizaron 14, ya que no hubo forma de contar los demás.

“Yo no reconocía a mi hijo, él tenía como un monstruo dentro, el mismo me decía que algo le indicaba que matara” contó Ofelia Piedra, quien además reveló que su hijo le decía que cuando iba a dispararle a alguien no iba con intención de herirlo, sino de dispararle en la cabeza. "Había algo más fuerte que él que lo llevaba a asesinar” contó Piedra.

"Pacorita" siempre vestía de negro y con frialdad cometía sus crímenes, incluso el niño hacía detonaciones con dos pistolas nueve milímetros, sin problema alguna, cada una en una mano.

“El me decía que el día que lo fueran a matar le dispararan en la cabeza, porque si lo dejaban vivo, él los buscaba y se vengaba”, contó la madre sentada frente a su casa, quien está buscando contar la historia de sus hijos para evitar que hayan otros Pacoritas.

“Yo quiero que no se repita una historia como está, cometí mis errores y lo aceptó, pero cuento todo para que las familias que se vean involucradas en algo similar actúen lo antes posible – no quiero que haya un Pacorita 2” expresó Ofelia. “Me juzgarán y me dirán, pero Dios sabe cuánto sufrí al no saber qué hacer ni recibir la orientación para sacarlos de ese mundo”

En ocasiones Pacorita se uniformaba como para camuflajearse y así cometer sus fechorías, una vez fue aprehendido por Santa Ana con dos armas de fuego, pero por ser menor lo soltaron, así ocurría con las demás investigaciones que se le siguieron, ya que las leyes protegían mucho a los menores de edad, explicó Ofelia.

“Sí a él lo hubieran encerrado cuando lo agarraron con las armas, la historia fuera otra, él (Pacorita) y “Gordo” estuvieran vivos” dijo la madre, quien destacó que rogó que los encerraran en alguna celda, pero fue imposible.

"Pacorita" se desaparecía por días, hasta el interior del país iba a dar a cometer sus crímenes, por lo que recibía algún tipo de paga.

Dentro del mundo delincuencial, “Pacorita” y “Gordo" eran de bandos rivales, en el sector de Samaria, algo muy contradicente, toda vez que en muchas ocasiones tenían que verse las caras en la casa y donde convivían en hermandad.

En una ocasión “Pacorita” llegó hasta la casa con una amistad con la intensión de dispararle a su hermano “Gordo”, pero la sangre de hermano predominó y al menos él (Pacorita) no tuvo la valentía de tirarle, pero su amigo sí y  fue quien le disparó en el pie a “Gordo”.

La vida delictiva de los hermanos Olivares Piedra, terminó en el año 2011, 15 años tenían ambos cuando dejaron este mundo.

El asesinato del familiar de uno de los pesados del área pudo ser la causa de la muerte y desaparición de los mellizos, sobre todo de “Pacorita” por quien llegaron a ofrecer hasta 20 mil dólares por su cabeza con la que posteriormente jugarían fútbol.

Los atentados contra los mellos empezaron en diciembre de 2010, cuando ya los hermanos estaban más unidos que nunca y en una madrugada, sujetos ingresaron a la casa de “Pacorita” y  le dispararon en el rostro.

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Para suerte de él, fue llevado al hospital del Niño y en medio de una cirugía le  remplazaron la mandíbula por una de metal, ya que el disparo solo afectó esa parte del cara, por lo que le dieron salida una vez se recuperó.

El 21 enero de 2011 otro atentando contra “Pacorita”  nuevamente dentro de su casa, lo mandó por más días al hospital del Niño, donde lo mantenían aislado y  custodiado por unidades policiales, toda vez que sus verdugos lo seguían buscando para asesinarlo.

Pero, ante no poderle hacer nada, su madre, sacó la conclusión que el hermano “Gordo” pagó los platos. A “Gordo” lo secuestraron el 25 de enero, tres días después del atentado contra “Pacorita”

Desde esa fecha nunca más se ha vuelto a saber de él (Gordo). Su madre asegura que en el barrio comentaban que lo que tenían planeado para “Pacorita” lo hicieron con “Gordo”, ya que lo picaron y supuestamente jugaron fútbol con su cabeza, que hasta vídeos hubo, pero que ella nunca logró ver.

Meses después, “Pacorita” cuando se enteró que sería padre, se arrepintió de su vida, a tal punto que fue ungido por siete pastores de una iglesia Evangélica para su cambio, y también buscó refugio donde “Lola”,  una residente del área, quien los mantuvo por meses en su casa.

Lola contó que tres días antes de la muerte “Pacorita” le dijo que ya se había alejado de ese mundo y hasta las armas de fuego dejó, todo por que sería papá y también al sentirse culpable de lo que le había pasado a su hermano “Gordo”.

El 4 de septiembre de 2011, cerca de las 9:00 de las noche, las balas volvieron a sonar en el sector 5 de Samaria, aunque era costumbre, nadie se sorprendió, pero al escuchar que se trataba de “Pacorita” toda la comunidad se estremeció.

“Mataron a Pacorita” eran los comentarios que corrían entre los moradores, quienes al llegar al lugar observaron al joven tirado boca arriba, con un tiro visible en la cabeza y en un charco de su propia sangre.

Varios conocidos gritaban y lloraban ante el asesinato, mientras que su madre solo guardó silencio.

Por el asesinato de “Pacorita” solo dos personas pagaron cárcel, una de ellas falleció y el otro está en libertad.

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