Carnavales
Se inició el jolgorio del Carnaval y con ello la amnesia colectiva de farsa, culecos y diversión en que se sumerge el pueblo por cinco días, luego de los cuales, extenuado, regresa a su triste realidad de carencias y necesidades sin resolver.
Es un hecho que las fiestas de Momo, de una u otra forma, dinamizan la alicaída economía informal del interior de la República, con el éxodo de visitantes que van a gastar y divertirse, pero también es un hecho que, luego del Miércoles de Ceniza, la gente regresa sin un centavo con el que afrontar los gastos escolares.
Pedir prudencia, mesura y responsabilidad al panameño en este tiempo es muy difícil, ya que precisamente el Carnaval es el tiempo del olvido: olvido del alto costo de la vida, olvido del desempleo galopante, olvido de la inseguridad ciudadana, olvido de la corrupción gubernamental y de tantos problemas grandes y pequeños que atormentan al ciudadano de a pie.
Empero, vamos a hacer el ejercicio: pedir un mínimo de precaución a nuestros conciudadanos que cuiden su vida, porque resulta que muchos que salen a divertirse no regresan a sus hogares y se convierten en una cifra de las estadísticas del tránsito o la criminalidad.
No se lo gasten todo…ojalá hagan caso. Recuerden que viene la época escolar y hay que guardar para los libros, cuadernos, mochilas, zapatos.
Tengan cuidado con las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados; las mujeres que no pierdan su dignidad al calor del guaro ni se entreguen al desenfreno que luego trae consecuencias insospechadas.
Sobre todo, recordar que los Carnavales son cinco días, pero las consecuencias de un actuar irresponsable duran para toda la vida.