No a la violencia
Muy lamentable el hecho de la agresión sufrida, en el distrito de San Carlos, por la presidenta encargada del opositor partido Cambio Democrático (CD), Alma Cortés, quien fue escogida como abanderada por la junta del Carnaval de ese lugar.
Al margen de los detalles, el hecho es preocupante porque demuestra un nivel de intolerancia política entre adversarios, lo cual es peligroso porque los panameños, independientemente de la bandería política momentánea, no debemos vernos como enemigos jurados.
En la política, al igual que en los Carnavales, hay pasiones desbordadas, pero tales desbordes deben ser dosificados y contenidos, de lo contrario conducirán a consecuencia funestas que nadie quiere y que luego tendremos que arrepentirnos, ya que cuando se impone la violencia y el vilipendio, la cordura huye y lo que campea es la anarquía.
Que cada cual se haga su examen de conciencia, por un lado la dirigente que sufrió la injusta e inesperada agresión y por otro lado el político que aupó a sus huestes alcoholizadas a que se fueran a las vías de hecho.
Ese examen de conciencia es para que no se caiga en provocaciones y se conteste a la diatriba infértil, con más diatriba que lo que hace es encender el fuego de la violencia.
Y por el otro lado, que los provocadores antes de ejecutar su irresponsable agresión piensen un poquito en las consecuencias de sus actos. La violencia no puede ser el método de dirimir controversias porque desnaturaliza la actividad política.
La política es una lucha de ideas y propuestas, y el electorado acoge como suya la que le parece mejor, digamos no a la violencia y sí al debate de altura.