Indiferencia
El país, la población, está entretenida fumando el opio de la indiferencia.
Ha comprado un “slogan” perverso y cual es: "Nada me importa ni nada me interesa sino tan solo yo y nadie más que yo".
No importa si el mundo se desmorona. O si el país sucumbe en medio de los escándalos del pasado y los actuales actos de corrupción.
Hemos tocado fondo y nos han acostumbrado a la idea de que: "No está pasando nada".
La realidad nos traga y nos devora. Entre tanto los clamores de numerosos sectores sociales y de la población claman porque se les escuche.
Pero nadie oye, nadie responde y menos los gobernantes de turno que han caído, tristemente, en una especie de revanchismo frente a quienes se atreven a señalarles sus errores y falencias.
Al disenso democrático, entendido como el sagrado derecho de los pueblos y de los ciudadanos a emitir criterios y opiniones críticas hacia los gobiernos y hacia toda forma de opresión, ahora es tenido como la expresión de los enemigos del poder a quienes hay que atacar e indisponer.
La Patria hoy más que nunca demanda de sus buenos hijos que hablen. Que digan lo que sienten y piensan sin miedos ni cortapisas.
Nadie pensaría que el actual gobierno que tanto hablo de democracia, de justicia y de progreso sea el autor del desasosiego doméstico y de la incertidumbre en que nos encontramos en este país.
Lo más triste. El poder es el poder y se ha orquestado de tal manera que a través del poder todo se silencia y todo se oculta.
El pueblo debe hablar. Habla pueblo habla. Es la hora.