Canal y seguridad
Las detenciones en EE.UU. de ciudadanos norteamericanos vinculados a grupos extremistas en Oriente Medio encendieron alarmas, y con razón. Nuestra región ha estado bajo contacto directo con muchos de estos grupos por distintas razones que van desde la búsqueda de soporte económico hasta alianzas para expandir su influencia en países del área, incluyendo el nuestro.
El grupo Hizbulá es uno de estos grupos. Recuerdo que en 2009, su posible penetración iba más hacia el reclutamiento de pandilleros para entrenarlos habida cuenta la disponibilidad y comunicación con grupos del área como las Farc, de quienes se nos decía había vinculaciones, cosa que no me extrañaba. La Venezuela de Chávez y la de Maduro entablaron relaciones muy formales con Irán, llevando a tener - no sé si aún los tienen - vuelos semanales directos de Teherán a Caracas. Esta realidad despertaba preocupaciones en países y comunidades amigos y residentes en Panamá. Israel mostraba preocupación debido a su pujante y notoria comunidad en Panamá, al punto de reforzar sus distintas formas de seguridad alrededor de escuelas, sinagogas, empresas, etc. Fue tema de agenda en una visita oficial que realicé a Israel. Se hablaba de que Venezuela documentaba como venezolanos a muchos de estos iraníes y se distribuían en el área. Igual se mencionaba el lavado de dinero que se originaba de esa relación a través de bancos localizados en Panamá y de empresas ubicadas en la Zona Libre, área esta siempre generadora de cuestionamientos, especialmente de autoridades norteamericanas.
Sin embargo, ante los requerimientos de información determinada que les hacía yo a representantes oficiales de esos países con el afán de cooperar conforme a derecho, la respuesta no era lo precisa que las circunstancias o el interés requerían y no se podía abrir cada banco para ver qué se encontraba casi que a ciegas. Los flujos de efectivo que entraban a Panamá por Tocumen fueron disminuyendo, casi que a la fuerza y se dieron detenciones que luego la administración de justicia desestimó en decisiones cuestionadas. Igual, invertimos en tecnología de punta en Tocumen y suscribí acuerdos con EE.UU. reforzando el sector migratorio, carga en puertos y a través del Canal, entre otras cosas, que espero que el gobierno actual no haya suspendido, como ha sido su irresponsable patrón de conducta. Es importante decir que no siempre, casi nunca diría yo, la información de inteligencia es judicializable de inmediato, salvo el flagrante delito, por ello, documentar una información toma su tiempo y a veces se filtra la misma, haciendo ilusorio el proceso.
El Canal ha salido a la palestra debido a la información emanada de los EE.UU. como un posible objetivo. Eso no me asombra, ya que, independientemente de que hoy y desde hace 17 años es panameño, el mismo seguirá siendo visto como un punto de gran estrategia norteamericano en caso de eventuales atentados. Por eso, su neutralidad pactada y asumida como compromiso por más de 40 naciones es hoy y debe seguir siendo su única y real defensa. En tiempos de paz o de guerra, el Canal debe seguir operando sin distingos y abierto a buques de todas las nacionalidades. No hay de otra.
La famosa frase del Gral. Torrijos al aceptar el Tratado de Neutralidad, que es a perpetuidad, de que el mismo "nos colocaba bajo el paraguas del Pentágono" y de que las enmiendas eran "potables", ha cobrado fuerza en boca de especuladores políticos que sienten que hay ocasión para hablar, a propósito de la reunión Trump-Varela el próximo 19, de que quizás se soliciten nuevamente bases o presencia de ese país en el nuestro so pretexto de cuidar sus intereses en el Canal. Lamento disentir con quienes así han hablado. No creo, a pesar de su temeridad, que el presidente Trump sugerirá nada ni cercano a ello. Descarto del lado de Varela un dislate similar. Sin embargo, sí creo que Panamá se excedió irresponsablemente al unirse a la coalición contra el Estado Islámico en la modalidad de que no se use nuestro sistema financiero para lograr canalizar apoyos y financiamientos. Fue una decisión errada de política exterior, además de mal pensada. Esa pelea no es nuestra y no se debe aproximar a nuestro país.
El Canal tiene mecanismos para protegerse hasta donde se pueda. Militarmente es indefendible dada su vulnerabilidad. Nada en el Tratado de Neutralidad permite el intervencionismo norteamericano. Aquellas enmiendas como la De Concini fueron neutralizadas por la Enmienda Church, que se aferró al derecho soberano de Panamá sobre todo su territorio. El presidente Carter, firmante del tratado y que pudiese considerarse como intérprete viviente del espíritu de los acuerdos, lo dijo sin ambages el día de la devolución del Canal. El difunto canciller Julio E. Linares, en su obra sobre este tratado y el fenecido Tratado Torrijos Carter, lo explica en detalles y con la acuciosidad y estudio de quien fue un gran internacionalista y exponente ilustrado de un genuino y realista nacionalismo. Es la única obra que desmenuza esos instrumentos internacionales en defensa de nuestros intereses. De allí que toda especulación al respecto debe evitarse para no generar expectativas imposibles. Toca a Panamá tomar sus propias decisiones. He dicho muchas veces que nos corresponde cuidar, además de la vida, honra y bienes de nuestros ciudadanos, nuestra posición geográfica, la cual debe reflejar un gran aporte de Panamá al mundo a partir de una política exterior renovada, coherente y seria que está ausente desde hace buen rato y que motivará oportunas reflexiones de mi parte más adelante.