Dar
Miré hacia el otro lado para que no me diera un yeyo. Es que soy flojo si veo eso. Estaba allí de manera voluntaria, así que podría decirse que gozaba sufriendo. Ese acto me hacía sentir más ser humano. Sentía que me conectaba intensamente con la vida de las personas, no importa si no los conociera. Luego del pinchazo, eran pocos los minutos para que saliera de esa “tortura”. Menos mal que las personas a mi alrededor brillaban por sus sonrisas y agradecimiento a lo que hacía.
Luego de conseguir lo que quise dar me daban una soda y descansaba unos minutos, y otra vez prometían que no se vería afectada mi salud. Tenía que irme rápido al trabajo y ocultar lo que había hecho. Mi jefe manifestó que no debía hacerlo porque pensaba que afectaría el rendimiento. Pero la enorme satisfacción que sentía hacía que madrugara para poder llegar luego a tiempo al trabajo. Esto sucedía en los años 60 del siglo pasado. Era un donante voluntario de sangre desde el año 1964.
Cada mes iba a entregar mi líquido vital impulsado por la promoción de “alguien vive cuando alguien da”. El Dr. Charles, director del Banco de Sangre del Santo Tomás, me explicó los aspectos positivos de esta acción. Aunque soy flojo al ver sangre, lo hermosamente humano de saber que podía salvar una vida me impulsaba a hacerlo. Años después estudiando en Chile fui algunas veces, lo que asombró por ser extranjero. Allá tampoco había muchas personas que dieran sangre voluntariamente.
En esta actividad conocí personas flacas, que eran “donantes profesionales” de sangre. Nunca acepté un real, aunque me lo ofrecieron pacientes de enfermos graves. Después al trabajar en la Reforma Agraria enfermé de hepatitis por estar metido en el monte y no pude seguir dando mi sangre. Traté que la filtraran y usaran una parte, pero no había en esa época las máquinas adecuadas. Más tarde me anoté como donante de córneas. Al llegar a la tercera edad me borraron de la lista. Tuve un sentimiento agridulce. Dulce, porque no había muerto, y agrio, por no haberlas donado.
No me he dado por vencido y al renovar mi cédula señalé que era donante de órganos. No sé si alguno servirá al llegar la situación. Parece que la juventud y la salud importan en esta actividad tan llena de valor humano. Ojalá que quienes puedan hacerlo disfruten donando lo que sea de su cuerpo. (Pregunta el Cholito Mesero de Santana: ¿Cuándo el Gobierno comenzará a pagar los décimos atrasados?).