Explotación
Apenas levantaba la cabeza para evitar que me descubriera el explotador de niños. Eran cerca de las nueve de la noche. Me encontraba oculto en mi auto cerca del semáforo de Obarrio. Como periodista y sociólogo investigaba un hecho social terrible: ¡la explotación de niños por parte de adultos! Me habían informado que un señor tenía el “negocio” de poner niños a pedir dinero en las calles. Los llevaba y los buscaba en auto. Los pequeños le daban cierta cantidad de plata. Lo que sobrara era para ellos. Llegó el auto y los niños se subieron. No pude seguirlos porque ese no era mi trabajo.
Como periodista denuncié públicamente el caso, para que las autoridades lo evitaran. Esto sucedió hace años, pero lo recuerdo cada vez que se habla en Panamá del trabajo infantil. Repito: estoy de acuerdo conque algunos niños trabajen para que conozcan cómo se consigue la plata honradamente. Pero nunca aplaudiré la explotación infantil. En otra ocasión fui a Viejo Veranillo. Busqué el sitio donde unos jóvenes religiosos extranjeros “ayudaban” a la niñez pobre. Había recibido denuncias de esta disfrazada explotación infantil. Como si fuera un investigador de películas pregunté, observé, hablé con niños, padres y hasta los religiosos. Ellos reunían a niños, les daban suéteres y charlas religiosas… y ¡ los mandaban a pedir limosna!
Varias madres agradecían esto, porque sus niños recibían orientación religiosa y alguien los “cuidaba”. Denuncié esta explotación en los medios y después desapareció. A un niño se le dio propina por ser “guía turístico” en un paraje silvestre del interior. No quiso recibirla. Me dijo que “allá abajo (pueblo) estaba su papá en la cantina”. Tendría que darle la plata que se ganó como guía. A cambio quería que le comprara marcadores de colores para usarlos en su escuela, lo que hice. En otro momento un chiquillo pedía plata a las afueras de una panadería. Le compré pan porque sabía que el dinero que se da a los niños a veces lo aprovechan los padres.
Pues bien, se me acercó un señor y con descaro me dijo que no le diera pan a su hijo. Indicó que era su padre y le daba desayuno. Insistió que debía darle plata, lo que no hice. No era un secreto en el barrio que la señora mandaba a su pequeño a pedir dinero en las calles, con la excusa que ayudara a la familia, pues no existía el padre. Realmente esa plata la gastaba en lotería y perfumes… Son muchos los casos de explotación infantil que he conocido y combatido. Ahora lo hago con algunos de padres bellacos que le quitan las becas universales a sus hijos… (Dice el Cholito Mesero que es mejor trabajar que robar (¿?)).