¿Hay que preocuparse?
Las últimas dos semanas han exacerbado las opiniones ciudadanas en torno al derrotero del país y a la gestión del gobierno. Si bien los hechos violentos ocurridos alarmaron y con razón a todos, las acciones, declaraciones y decisiones del gobierno en boca del mandatario y varios de sus colaboradores ministros no contribuyeron.
El Presidente de la República es per se un generador de opinión, sea que hable o no; hasta su silencio se comenta. La vida pública es así. Lo que se dice orienta o desorienta, se aprueba o desaprueba, pero en definitiva es importante respecto del giro de la opinión pública.
Siento al Mandatario alterado. Su lenguaje corporal no proyecta paz. Tampoco es fácil su realidad, sobretodo enfrentar el gran repudio nacional a su gestión. La falla comunicacional es terrible y se percibe solo en la defensa de su gestión. Es decir, el Presidente es el centro de todo lo bueno y de todo lo malo. Ese centralismo en el que sus ministros no son actores principales lo lleva al manejo en solitario de su laberinto.
¿Qué lo atormenta? Los actos de corrupción lo rondan cerca, contrario a su promesa falaz de decencia y transparencia. El 85% del país reiteradamente lo cataloga como no transparente. Las delaciones en Brasil apuntan a involucrar a personas de tres administraciones, funcionarios, empresarios, banqueros y demás. Si en otras latitudes han sido un terremoto político, qué excluiría a su administración, habiendo sido él parte - y no cualquiera - de la administración anterior y hoy se sabe que la facción del expresidente Torrijos es cercana y con posiciones claves dentro del engranaje gubernamental. Allí están y fueron cuotas de la "gobernabilidad" .
Mientras tenemos a un mandatario visiblemente irritado y con signos de agotamiento físico y mental, el país se encuentra frente a su destino. Todos procuramos avanzar dentro de las circunstancias de cada quien, pero las noticias y rumores alteran el vivir tranquilo. El periodismo cada vez arrincona más, digamos que en busca del perfeccionamiento político en el manejo de la cosa pública. Puede ser de parte de algunos, pero también la manipulación de la verdad y la protección de ciertos allegados raya en descaro, por parte de otros. Sus editoriales buscan ser sentencias y sus opiniones apuntan a dirigir a quien se deje, evitándose el vilipendio noticioso. No hay balance.
No se si el 1 de junio será una fecha fatal. He oído que no será ese día sino después. En lo personal no espero mucho. Se sabe, por las fechas, que la diligente Procuradora atrasó las colaboraciones pedidas desde Brasil. Hay quejas claras y públicas de ello, aunque se ha tratado de disimular "cuál fue el Presidente" al que se lo pidieron. Se sabrá al final ya que Odebretch trasciende a la manipulación política y mediática amiga.
Por ello, sí creo que tenemos que preocuparnos. Existe un país que absorbe lo que vivimos y reacciona en consecuencia, en todos los órdenes. Vamos entrando rápido al tiempo electoral y el ambiente está enrarecido y mucho. El 1 de julio, fecha en que se elija la directiva de la Asamblea, se despejará, a mi juicio, quiénes están y quiénes no con el varelismo, tanto en el PRD como en CD. Aún con esto veo venir un escenario perder-perder para Varela si fuerza el control legislativo y con él se lleva a todo el que se suba en el último viaje de ese barco. Igual veremos dónde está cada quien en CD, donde varios navegan con bandera de conveniencia. Pero no faltarán los que piensen de que más vale un pájaro en mano que cien volando.
Por otro lado, observo que la misión del GAFI tampoco produjo resultados favorables. Ya se lee que no están satisfechos con todo lo hecho y que exigen más profundización en los esfuerzos para controlar el lavado de activos. ¿A estas alturas qué más puede golpearnos? Soy un convencido de que el sector financiero adoptará otras rutas tendientes a progresar en torno al futuro del potencial de nuestra posición geográfica, al tiempo que el viejo modelo quedará en la historia. Eso es sabido antes de los "papeles de Fonseca".
Mientras, hay que seguir. El que pueda que calme al Presidente en sus desafueros. Ciertamente, dista mucho de ser el Varela que yo conocí.
¡El reloj avanza y cada día que pasa es uno menos de todos ellos allá!