Improvisación diplomática
Una de las grandes deficiencias del servicio exterior panameño es el nombramiento en cargos del servicio diplomático de personas que no reúnen los requisitos mínimos para esa función.
Esos nombramientos -en su inmensa mayoría- son motivados por simpatías personales y compromisos políticos de los gobernantes de turno. Lo malo de tales decisiones es que la imagen internacional de Panamá queda en entredicho por las gestiones de funcionarios diplomáticos improvisados.
Actualmente, la Embajada de Panamá en Bolivia se ve sacudida por un escándalo que involucra a hijo de la cacica Silvia Carrera, quien en el pasado reciente se caracterizó como aliada política del actual gobernante, por cuya “lealtad” se le premió nombrándole al hijo como embajador en ese país suramericano.
Hasta donde se sabe, el actual embajador es un estudiante graduando de la carrera de Derecho, sin experiencia en relaciones internacionales; pero como en Panamá todo es posible, es él quien nos representa ante el gobierno del presidente Evo Morales.
El escándalo es feo. Se cruzan acusaciones de acoso sexual entre el embajador, el segundo al mando, una secretaria de la legación y hasta se ha denunciado la injerencia de funcionarios bolivianos en la pelea interna.
Es imperante, por el prestigio del país, que todos los involucrados sean llamados a Panamá a rendir cuentas de su actuación y que se nombre al frente de esta y otras embajadas a personal capacitado y profesional.
Hay cantidad de licenciados en Relaciones Internacionales, que como decimos en buen panameño, están “comiéndose un cable” porque la Cancillería panameña prefiere nombrar amiguitos (as) del poder antes que verdaderos profesionales en cargos diplomáticos. Eso debe cesar ya.