¿Transparencia?
El diputado oficialista Adolfo “Beby” Valderrama, quien también es íntimo del presidente Juan Carlos Varela, parece haber encontrado una veta de oro, con el apoyo de entidades gubernamentales para su Liga Profesional de Baloncesto (LPB), a través de una sociedad anónima.
Si Valderrama actúa a través de interpuesta persona, en este caso de tipo jurídico para captar fondos públicos de patrocinadores estatales, estaríamos ante un caso de desviación de poder.
Pare el jurista Frances Maurice Harirou, tal figura consiste en “el hecho de que una autoridad administrativa que realiza un acto de su competencia con observancia de las normas prescritas y no incurriendo en violación formal de Ley, usa su poder con fines y por motivos distintos de aquellos en vista de los cuales le fue conferido tal poder; es decir, distintos del bien del servicio”.
Tal conducta deja abierta una serie de interrogantes: ¿cómo fue otorgada y por qué se le dio a un diputado? ¿Cuál es el destino final de los ingresos, la influencia de Valderrama en instituciones públicas para lograr apoyo económico y el uso del evento para su proyección política?
Es en este tipo de situación en la que debe intervenir la Autoridad de Transparencia y Acceso a la Información (ANTAI), pero como se sabe su titular se la pasa viajando “¡conociendo mundo!”, pagada con fondos públicos.
Por otra parte, una investigación a fondos de los entresijos de las actividades “deportivas de Valderrama, podría poner al descubierto algún nivel de preferencia en los patrocinios, tomando en cuenta su cercanía con el actual gobierno y los funcionarios que le dan óbolos a su liga.
Aquí es donde la procuradora Kenia Porcell, la Maytín, Rigoberto González y otros que tienen que investigar y fiscalizar, deben ponerse las pilas, porque como bien dijo el dramaturgo inglpes William Shakespeare, en una de sus obras: “Huele a podrido en Dinamarca”.