Clientes
Confieso que me dio algo de vergüenza hacer esa fila. Pero tenía la mejor excusa. Soy periodista y sociólogo y hacía lo que llaman una “investigación de campo”. Esa mañana estaba en el parque de Santa Ana esperando turno para comprar productos baratos en un camión. Era una improvisada feria de un candidato a puesto de elección… ¡para conseguir votos! Algunas personas me miraban curiosas, pues era algo distinto a las decenas de panameños humildes buscando ahorrarse unos centavos gracias a la acción del candidato.
Aproveché para hacer algunas preguntas. Comencé por los más buscados. Las bolsas de arroz, menestras y latas estaban en primer lugar. Nadie se quejaba del tiempo que duraba la cola porque los ahorros lo justificaban. Varias personas me miraban raro, pues se notaba que no era del público que va a esa actividad de propaganda política. Ciertos comprendían la intención del político con su feria de artículos baratos. Lo aceptaban porque les ayudaría a resolver el alto costo de la vida. Alguien me dijo que al menos ese candidato daba algo al pueblo. (Por cierto, siempre gana las elecciones).
Años después, presencié largas filas para recibir artículos alimenticios y del hogar… en Volcán, Chiriquí. Se realizaba un Gabinete provincial. Instituciones del Gobierno dieron varios servicios… y también colchones, bolsas de alimentos, etc. Me pregunté: si ya pasaron las elecciones ¿por qué se hace esta actividad? Mi respuesta fue tratar de ganar “clientes” para mejorar la imagen del Gobierno y que lo apoyen en las próximas elecciones. Estos recuerdos volvieron a mi mente al saber de la polémica surgida por millonarias donaciones a los diputados.
Los honorables solo tienen que hacer leyes, pero la realidad politiquera panameña los convierte en “arregladores” de problemas. Esto afecta las raíces de la democracia, donde el voto es la base para elegir a los gobernantes. Nos falta mucha responsabilidad ciudadana para que los votantes sean seres sociales y no clientes que dan su voto a quien mejor les “resuelve” los problemas del diario vivir. Demuestra que los partidos deben insistir en la formación política de sus miembros. Existen personas que no tienen idea de las bases teóricas del partido al cual pertenecen. Se cambian de partido como de camisa, lo que es negativo para el funcionamiento democrático del país. (Dice el Cholito Mesero: “no sean tontos, tomen lo que les den y luego… ¡voten por quien les da la gana!”).