Sabiduría
Mirándome fijamente mi padre dijo: “hijo, no se deje engañar, nadie da nada gratis... ¡siempre buscan una ganancia!”. Esa fue una de las enseñanzas de mi padre, producto de su sabiduría popular, que han orientado mi vida personal y profesional por muchos años. Todavía, después de treinta y tres años de su desaparición física, recuerdo los variados consejos que me dio para vivir mejor, algunos de ellos muy simples. Por ejemplo, si quería conocer un buen restaurante, debía ver la cantidad de clientes que estaban allí. “Si el restaurante es malo, no estará lleno de personas”, sentenciaba.
Cuando le consulté sobre cómo comprar un buen automóvil, me respondió que mirara los taxis. “Los carros usados como taxis son “macheteros” (fuertes). Los taxistas los usan todo el día y no tienen plata para comprar autos caros”, explicó. Aunque no era una persona que visitaba los vecinos, me decía que no peleara con ellos. “Los vecinos son las personas que más cerca están de ti y pueden ayudarte cuando lo necesites”, afirmaba. Nunca tuvo un disgusto con los vecinos en la decena de años que vivió en Parque Lefevre.
Sobre las casas, sostenía que aquellas que tenían un muro alto era porque sus dueños ocultaban algo. También comentaba en esa época que “la gente honrada tiene que encerrarse en sus casas, porque los maleantes están libres”. Esto demuestra que hace unos cuarenta años, ya había un problema de inseguridad en la ciudad, y la justicia a veces no castigaba a los delincuentes. Cuando era niño me advirtió que no buscara pelea. Sin embargo, si tenía que pelear me dio dos consejos: 1) No pelear con alguien más grande que yo. 2) Para ganar tenía que pegar primero… ¡en la nariz!
Usaba una regla sencilla cuando iba a comprar algo. Si el artículo no tenía el precio, no se preocupaba por él “porque debía ser caro”. Insistía que no debía gastar plata en lujos, y cuidarse de artículos caros porque son de marca famosa. Alegaba que uno debía usar las cosas que poseía hasta el final, y no botar dinero comprando artículos nuevos. Filosóficamente afirmaba que la gente era maleante porque no tenía nada bueno que hacer. Y si alguna vez estaba perdido en la selva, su consejo era que viera lo que comían los pájaros, porque eso también lo podían comer los seres humanos. (Pregunta el Cholito Mesero: ¿los chiquillos que asaltan a personas y minisúper reciben algún castigo?).