Culpables
En lo religioso, la culpa de que tuviéramos que trabajar y no pudiéramos andar en eternas vacaciones la tiene… ¡Eva! Por golosa y estar comiendo lo que no debía la expulsaron del Paraíso. Hombres y mujeres tuvieron que “ganarse el pan con el sudor de sus frentes”. Desde el enfoque sociológico, el trabajo permite que el ser humano participe en el desarrollo de la sociedad. Eso debe proporcionarle satisfacción en el grupo al cual pertenezca. En lo económico, al trabajar se logra honradamente el dinero necesario para vivir. En lo psicológico, hacer algo mejora la autoestima, y la sociedad aprecia a esa persona.
Recuerdo que cuando niño había una canción de los combos nacionales que se burlaba del trabajo. Señalaba que era un “castigo de Dios” y sostenía que si había que hacerlo, que trabajaran los ¡bueyes! No sé si esa burla musical lo tomaban de excusa los “camajanes” y “manganzones” de la época, que no querían agachar el lomo para buscarse el pan. Hace más de sesenta años ya existían flojos, que querían vivir de los demás, incluyendo parientes ancianos, etc. A mí me obligaron a ir a trabajar a los dieciocho años para que demostrara que era hombre. Mi padre alegaba que comenzó a trabajar antes de esa edad.
Mis estudios universitarios los pagué con el sudor… de mis dedos. Tenía que escribir decenas de documentos legales al día. Luego redacté noticias como periodista. Todavía recuerdo mi primer jefe, el juez Rubén D. Conte, quien con la sencillez del hombre de campo que “se hizo a sí mismo”, me dio la mejor lección de lo que era trabajar bien. Señaló a los ancianos doña Ana y don Goyo. Eran porteros que mal aconsejados sacaron el dinero de la jubilación pensando que se morirían pronto. Cuando se acabó la plata, tuvieron que volver a trabajar, a pesar de su avanzada edad. Ellos barrían con entusiasmo sus oficinas y el piso frente a ellas. Dijo don Rubén: “hay que trabajar con amor para no sentirnos mal con lo que hacemos”.
Siempre recuerdo esa lección de vida al ver personas que miran los relojes para salir corriendo al terminar la jornada. En varios ministerios conocí filas ante el reloj que registraba entradas y salidas del personal, esperando la ansiada hora final de ese día. Pero hay que decir que muchos panameños no consideran al trabajo como un castigo ni que son bueyes. Y eso que hay empleos que pagan poco… (Dice el Cholito Mesero que si aquí existiera el servicio militar obligatorio, no habría miles de jóvenes que no estudian ni trabajan).