Inocentes
El tipo tenía un historial policivo de más de tres páginas. Cuando lo arrestaban en sus fechorías gritaba que era inocente. Otro sujeto fue sorprendido robando en una casa y le dieron varios tiros. En la fiscalía dijo que “podía conseguir testigos” de que iba caminando por la calle cuando lo tirotearon (claro que no le hicieron caso. Había siete testigos de su robo). Aquel, con mucha seriedad, decía que lo arrestaban porque era pobre y negro. Que algunos policías se la tenían “velada” por disgustos personales. No se refería a los objetos hurtados que le encontraron en sus bolsillos. Durante cinco años trabajé como oficial mayor en un juzgado penal en los años sesenta. A excepción de asesinatos, atendía todo tipo de delitos. Fueron centenares de sujetos que conocí y nunca encontré uno que aceptara que era culpable de violar la ley.
Un viejo estuvo cerca de esta confesión, pero sostuvo que cometía actos libidinosos contra niñas porque sufría un trastorno mental. De nada valía que la persona fuera detenida “con las manos en la masa”. Siempre inventaban una excusa, algunas de ellas daban risa… Esa experiencia vivencial me ha servido toda mi vida como periodista y sociólogo. A veces me sorprendía lo que me decían en confianza los detenidos. Siempre atendía de la mejor manera personal y legal a los que ahora llaman “privados de libertad”. Varios de ellos me lo agradecieron después, cuando los encontraba por las calles de la capital. Recuerdo que varios me confesaron que “la pasaban mejor” en la cárcel que en sus casas. Presos no tenían problemas para conseguir “los tres golpes” diarios de comida. Tampoco responsabilidad de llevar plata a la familia.
Señalaban que en libertad sufrían la “cantaleta” de la mujer para que buscara trabajo y se portara bien. En prisión tenían amigos, pasaban horas jugando o bochincheando, hasta algunos disfrutaban de “prestigio” (¿?). Una vez me atreví a preguntar sobre si extrañaban las relaciones íntimas. Alguien me dijo que en la cárcel “algo se conseguía”… (No pregunté más). Pensé en esta experiencia de mi primer empleo al enterarme que piensan hacer una ley de “sapería”. Los que denuncien a los que corrompieron y se beneficiaron con los delitos recibirán rebaja de pena. ¿No es esto premiar a los maleantes? Tal vez sea anticuado en cuestiones modernas de justicia. En mi época, los jurados de conciencia debían representar a la sociedad. Nunca ser todos de hombres o mujeres porque nuestra nación tiene mitad y mitad… (¿Cuándo cambiarán al ministro del MOP?).