Música
A pesar de estar apurada la señora jubilada tuvo tiempo para quejarse de algo que la molestaba en un restaurante de comida rápida. Antes había comentado en voz alta sobre la música estridente que estaba en el local, señalando que no se podía comer en paz. Ahora en el baño exclamó “vea, hasta en el servicio uno tiene que escuchar lo que ellos quieren y que no le gusta a todos.” También se refirió que en la casa de uno hay que oír lo que otros quieren porque la ponen de forma escandalosa. Relató que una vez en una parada de buses llegó un joven con un radio grande y que parecía un toldo de Carnaval.
Se preguntó que porqué no oía la música sólo para él (por ejemplo con audífonos). La señora se movió un poco más allá del bullero. Y decidió, esperar que se fuera primero en el bus no vaya a ser que le tocará sentarse junto al escandaloso. Otra historia que contó fue la de una farmacia del Seguro Social, donde un joven escuchaba música a volumen alto como si estuviera en su casa. Ningún funcionario del Seguro le llamaba la atención por el escándalo en un lugar que debe ser tranquilo porque hay personas enfermas. No soportó más y le dijo al joven que allí no se debía hacer bulla. La respuesta grosera que tuvo fue:” ¿a Ud. que le importa, acaso es mi madre…”?
Al escuchar estas historias, lamenté la falta de educación y respeto hacia los mayores de un sector de nuestra juventud. Pero no sólo son jóvenes los escandalosos… algunas personas de edad madura muestran su falta de cultura al poner música alta, sin importarles la tranquilidad y reposo de los vecinos. Es cierto que están en sus casas, pero la convivencia comunitaria es la base de la paz social de cualquier sociedad. Por eso es que cada día aumenta en el país las malas relaciones entre vecinos, que a veces llegan hasta hechos de violencia. Existen regulaciones sobre el volumen de música y jolgorio en las comunidades. Sin embargo, no siempre las autoridades imponen la ley, o los vecinos se atreven a denunciar los escándalos.
Desde un punto de vista sociológico hacer ruido puede ser señal de que esa persona tiene dinero para comprar aparatos caros. Volviendo a la señora que se quejó, ella señaló que “¿quién le pone a ese gato el cascabel?”. (¿Cuándo escogieron al ministro de Turismo, lo pusieron a correr de un lado a otro…?)