Mulino: “solo como bloque América Latina se hace respetar”
Recordó que el mundo está entrando en un nuevo orden internacional, donde pesa más la diplomacia cruda que las buenas intenciones.
El presidente José Raúl Mulino habló claro y sin rodeos. Desde Panamá, en la inauguración del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, lanzó un mensaje directo a la región: si América Latina no camina junta, seguirá siendo débil en un mundo cada vez más duro y menos idealista. Para el mandatario, la integración no es un discurso bonito, es una necesidad urgente.
Mulino dijo que solo como un “bloque único” la región podrá tener poder real de negociación y defenderse ante posibles amenazas externas.
Recordó que el mundo está entrando en un nuevo orden internacional, donde pesa más la diplomacia cruda que las buenas intenciones, y advirtió que América Latina ya ha pagado caro errores del pasado por no actuar unida.
El presidente panameño resaltó que la región no es poca cosa. Habló de su capacidad productora de alimentos, de sus reservas hídricas, de la biodiversidad, de los minerales y de los recursos renovables. Dijo que con ese peso estratégico, América Latina tiene derecho a reclamar un rol más fuerte en organismos internacionales, incluso un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Mulino también puso a Panamá como ejemplo de presión constante. Señaló que el país ha vivido tensiones por el valor estratégico del Canal de Panamá y su sistema portuario, que mueve cerca de 10 millones de contenedores al año.
“Nadie le echa cuentos a Panamá sobre lo que es resistir presión”, soltó, dejando claro que la ubicación del país lo pone siempre en el radar de las grandes potencias.
Ante los presidentes y jefes de gobierno presentes, Mulino insistió en que Panamá no compite con la región, sino que la complementa.
Recalcó que el comercio mundial se vuelve más eficiente usando el Canal, una vía que —dijo— está al servicio de toda América Latina y el Caribe.
El mensaje cerró firme: sin unión, la región seguirá mirando cómo otros deciden su destino.