Auditorías políticas
Es evidente que las auditorías de la Contraloría a cinco obras realizadas durante la administración del presidente Ricardo Martinelli (2009-2014), tienen un desagradable sesgo político, sobre todo porque el actual contralor Federico Humbert no ha ocultado su interés de ser candidato a la presidencia en los comicios del 2019.
Es sospechoso, por decir lo menos, que solo se pretendan auditar las obras del periodo Martinelli, dejando de lado las construcciones que se realizaron durante el mandato del presidente perredista Martín Torrijos (2004-2009), quien fue precisamente el que trajo a Panamá a la cuestionada constructora Odebrecht, favorecida con jugosos contratos de obras públicas.
Muchos se preguntan ¿qué pasó con la llamada “Cinta Coimera”?, apodo con que pasó a la historia la Cinta Costera 1, construida en el periodo de Torrijos. ¿Por qué Humbert no la incluyó en su auditoría?
¿Qué pasó con las obras que se gestaron en la administración de Juan Carlos Varela?, ¿por qué no las auditan? Estas y otras preguntas se hacen los panameños, que ven cómo la selectividad, no solo se da a nivel del Ministerio Público, sino que las auditorías también adquieren ese odioso carácter.
Lo que sí queda claro es que estas auditorías políticas selectivas tienen como fin abrir más expedientes de persecución a los opositores que son los que se han mantenido en las calles denunciando los desaciertos del actual régimen.
Es un hecho público y notorio que el “independiente” convertido primero en perredista y ahora panameñista Federico Humbert, no iba a comprometer a sus colectivos, ya que no podía quedarse sin el apoyo político partidista en caso de una eventual candidatura presidencial.
Que pele el ojo la ciudadanía con esas auditorías chimbas, iniciadas para justificar la persecución política y el desprestigio a la administración Martinelli y al partido Cambio Democrático (CD), que se perfila como seguro ganador de los comicios del 2019.