Somos nuestro peor enemigo
Sólo el 7% de lo que pensamos o sentimos lo hacemos de una forma consciente, el 93% restante lo realizamos desde el inconsciente. El auto sabotaje es uno de los mecanismos mentales más complejos del ser humano. Éste significa realizar, de manera involuntaria, acciones que nos impiden lograr lo que deseamos.
Es un estado mental adquirido al vivir experiencias negativas y que repetimos como sistema defensivo ante una situación difícil. Si analizásemos nuestros fracasos o derrotas, llegaríamos a la conclusión o nos daríamos cuenta de que no logramos ese objetivo deseado por algo que hemos hecho o dejado de hacer.
Así es que cuando nos maltratamos a nosotros mismos no somos conscientes de lo que hacemos. Somos incapaces de darnos cuenta por lo que seguimos castigándonos y al final rondará por nuestra cabeza el pensamiento de “sabía que no iba a salir bien”, “siempre me pasa a mí” o “qué mala suerte tengo”.
‘La profecía autorrealizada’ es un término que acuñó el psicólogo Martin Seligman para explicar que las personas interpretamos y reaccionamos de determinada manera según cada situación. Esto reproduce en nuestra vida la situación que esperamos; si somos más optimistas, el resultado será más positivo que de ser pesimistas. Así forjamos estos malos hábitos que repetimos y dan lugar al auto sabotaje.
Una de las principales causas de este estado es la pérdida de autoconfianza. Cuando desconfiamos de lo que podemos lograr, nuestra mente hace lo posible por llevarnos en otra dirección. Incluso, al querer conseguir algún propósito puede surgir el miedo a los propios resultados positivos ya que pueden implicar cambios que creemos que no podemos afrontar. El temor al éxito, a demostrar nuestra capacidad, así como no acabar las cosas, posponerlo todo para el último minuto o el perfeccionismo son algunos de los ejemplos más comunes de esta práctica.