Asesinato por asfixia: Firma de un crimen íntimo, brutal y posesivo
La asfixia: acto primordial y horrendo de homicidio, no es solo un método; es un mensaje cargado de simbolismo siniestro. Más allá de las estadísticas que en Panamá la sitúan en casos de feminicidios por detrás de las armas de fuego o blancas, cada caso revela una historia de control, furia y una intimidad perversa.
Para el criminólogo Ariel Bethancourth, la elección de este método no es casual. "Cuando un agresor elige la asfixia manual, está optando por un método que lo vincula de manera directa y absoluta con la víctima", explica. "El instrumento es el propio cuerpo del homicida: sus manos. Eso convierte la acción en un acto profundamente íntimo".
Esta "intimidad forzada" es, según el experto, el sello distintivo. "Desde la criminología de perfiles, entendemos que este tipo de elección revela una necesidad de control total. El agresor no solo busca la muerte de la víctima, sino experimentar el proceso de cómo la vida se extingue bajo su dominio".
La firma en la escena
Bethancourth señala que la escena del crimen por asfixia deja una "firma psicológica particular". "Cuando la escena muestra violencia desbordada, con lesiones múltiples y signos de resistencia intensa, estamos ante un acto marcado por la furia impulsiva", describe. Pero existe otra cara: "escenas donde la ejecución es más contenida: ausencia de desorden, control del tiempo y del espacio. Allí la firma es distinta: revela frialdad y cálculo", detalla.
En casos recientes en Panamá, como el feminicidio de Maritza Tejeira, ocurrido el 13 de noviembre de 2025, en San Carlos, donde ella fue víctima de estrangulación por parte de su pareja, esta dinámica de poder íntimo se hizo presente. "La asfixia le permitió al agresor ejercer dominio directo, prolongando el contacto y siendo testigo de la rendición de la víctima", analiza Bethancourth. "En criminología de perfiles, esto indica que no se trató solo de matar, sino de poseer y someter".
Esencia del acto
Frente a la pregunta de si se trata de un acto de ira, control o posesión, el criminólogo es contundente. "Si tuviera que condensar la esencia del homicidio por asfixia, diría que es, ante todo, un acto de posesión", afirma. "La ira puede ser el detonante y el control, la herramienta, pero lo que subyace en el fondo es la necesidad de apropiarse de la vida del otro hasta el último aliento".
Este impulso posesivo también puede verse en casos fuera del ámbito de pareja, como el asesinato de Marlín Martín Othón Gómez (37 años), quien fue hallado asfixiado con un zuncho en el cuello, el 19 de octubre, en la orilla del río Cabra, a la altura del sector de Rancho Café, en Cerro Azul, corregimiento 24 de Diciembre o el del taxista Osvaldo Olmedo González Mendoza (38 años), cuyo cadáver fue encontrado en el maletero de su propio selectivo el 3 de octubre del año pasado, en la vía que conduce hacia Clayton.
A esta lista también se suma el homicidio de Boris Yaseth Guerra Rowe (27 años), alias 'Chicho', quien fue privado de libertad la madrugada del 23 de septiembre (2025) frente a la residencia de su abuela, ubicada en Finca 4, distrito de Changuinola y su cadáver encontrado 11 días después de su desaparición, semienterrado en un matorral de una finca.
Aunque el vínculo puede no ser emocional, el método sigue hablando de un dominio físico total en el momento del crimen, resalta.
¿Por qué no es el método predominante en feminicidios en Panamá?
Pese a su carga simbólica, en Panamá la asfixia no es el método más usado en la violencia machista extrema. Bethancourth lo atribuye a factores culturales y de acceso. "Los datos oficiales muestran que la mayoría de las víctimas de femicidio mueren por arma blanca o arma de fuego", recuerda. "La explicación criminológica está en la disponibilidad y acceso a armas, y en patrones culturales de agresión, donde el arma se convierte en extensión de la rabia y el poder". Sin embargo, cuando aparece, su significado es profundo. "Su presencia suele estar asociada a vínculos de pareja o familiares, donde el agresor busca reafirmar dominio absoluto".
La reacción posterior
Lo que sucede después del crimen también delata al agresor. "En muchos casos, lo inmediato es el pánico y la huida. El agresor, dominado por la impulsividad, abandona la escena sin planificación", comenta el criminólogo. Pero existe un perfil más aterrador: "sujetos con una frialdad aterradora. Estos individuos no solo permanecen en la escena, sino que intentan manipularla: limpiar huellas, acomodar el cuerpo, o incluso disponer de él de manera ritualizada".
Al final, cada caso de asfixia es un dramático y terrible diálogo corporal. "La asfixia es un método que desnuda la psicología del homicida. Su firma en la escena puede ser la furia descontrolada, la frialdad calculada o la intimidad posesiva, pero en todos los casos revela un mismo eje: la necesidad de poder y dominio sobre la vida del otro. Un poder que se ejerce, literalmente, hasta el último suspiro, sentencia Bethancourth.