El reembolso del dinero en la política
Por: Julio César Caicedo Mendieta.
Corrían los años en que los militares y policías inteligentes, torpes y brutos les confortaba muchísimo que les dijeran forzudos. Había en el país menos avezados del poder político que sabían conectarse con cierta gente de plata interesada en arriesgar muchos dólares en las campañas políticas con tal de obtener siete veces más de lo invertido en un par de años. Los forzudos muy poco dominaron esas materias, pero los civiles sin escrúpulos incluían en sus presupuestos lo suficiente para untarles el pan con mantequilla de la buena.
No crean que el término “vaca” es nuevo ni que lo inventaron sedientos de licor juntando reales y centavos para comprarse una “pacha” con licor ¡no!, ese concepto legal no escrito es originario de gente astuta profesional y osada fuera de lo común. Panameños que han visto al erario como una de las mejores oportunidades para hacer fortunas.
Ese grupo que pone el dinero para el triunfo, que “no compra huevos para vender huevos” y que jamás ocupa puestos en ningún gobierno es nervioso y exigente, y el primero en saber las fechas de concesiones, proyectos, licitaciones. Lo mejor de este negocio es que las facturas para cobrar se hacen y se cubren de sellos y firmas de entregado a satisfacción antes de las licitaciones escogidas para el atraco, cobran y nunca, jamás entregan nada al almacén gubernamental correspondiente.
La trama arriba descrita es apenas una de las variantes más añejas de las sabandijas criollas para robarse la plata del pueblo. Pero de Martín para acá nos han invadido otras especies de plagas humanas más hambrientas y paridoras de coimas meganotables, que han revolucionado el robo al Estado de tal manera que ahora sobre San Felipe y el Mercado de Mariscos planean aturdidos los gallotes nuestros, afilando sus lápices para adecuarse a las reformas y trabas que vienen y cuando todo vuelva a la aparente calma.