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Alguien invitaba por Internet a una concentración que tenía como objetivo señalar que Panamá debe ser para los panameños. Buscaba presionar a las autoridades y conseguir medidas que limitaran la presencia de extranjeros en este país. Al conocer esto, exclamé: “los que hacen eso deben ser gunas, ngöbes y otros pueblos originarios, quienes son realmente los únicos panameños de nacimiento”. Dije que no iría a ninguna de estas reuniones en rechazo de los extranjeros, porque la mayoría de los actuales residentes en este país tienen por lo menos unas gotas de sangre que vinieron de afuera.
No me canso de señalar lo inadecuado de hacer campañas contra extranjeros, por culpa de una o dos manifestaciones negativas de ellos. La razón es simple: mis abuelos maternos vinieron de Italia buscando un mejor lugar para vivir, y contribuyeron al desarrollo de este país. Mi padre nació en Colombia y llegó aquí con muchas ganas de trabajar honestamente, porque la situación en su Patria no era la mejor. Antes de que naciera yo se nacionalizó para que no hubiese ninguna duda de que era panameño. Él siempre decía que a veces los extranjeros quieren más a Panamá porque saben que es mejor que donde nacieron.
Se molestaba al conocer las quejas de algunos panameños que solamente ven lo negativo de este país, y no valoran las cosas buenas que tienen. Los historiadores señalan que mucho antes de que llegara Colón a Panamá, ya el Istmo era un sitio por donde transitaban aborígenes de otros lugares. Es sorprendente ver estatuas de la cultura Barriles en Volcán con figuras que evidentemente son de personas africanas que tienen el pelo duro, labios gruesos y nariz chata. En el Museo abierto del Caño de Coclé nos informaron que habían encontrado esmeraldas en algunos entierros. Esta joya solamente se halla en Colombia.
Son numerosos los ejemplos de extranjeros que llegaron a Panamá muy pobres, y en unos años se convirtieron en ricos gracias al trabajo intenso, dando empleo a miles de panameños. Por supuesto que no se debe permitir que nuestro país se convierta en escenario de peleas extranjeras. Tampoco que gente de afuera abuse y maltrate a nuestros ciudadanos. Menos que vengan a cometer fechorías en nuestro suelo. Gracias a Dios que son pocos… (Dice el Cholito Mesero: “a mí no me importa si mis clientes son panameños o no. Solo me interesa que me den una buena propina”).