Extranjeros y delincuencia
Si bien es cierto la descontrolada apertura migratoria atrajo a Panamá gran cantidad de extranjeros de todas las condiciones sociales y económicas, a la que ahora se ha querido achacar el aumento exponencial de la delincuencia, no es menos cierto que, en la práctica, lo que se busca, culpando al foráneo, es matizar la incapacidad oficial para hacerle frente a la criminalidad.
En distintas épocas de la historia de la humanidad se ha utilizado como excusa la presencia extranjera en determinados países para hacerlos responsables de todo lo malo que ocurre. Es verdad que hay extranjeros maleantes, no solo colombianos o venezolanos, prueba de ello fue un gringo pedófilo al que agarraron recientemente en Volcán, Chiriquí, del cual nadie sospechaba su “oscuro pasado”.
Así como hay extranjeros delincuentes, los hay muy correctos y que llegan al país con ganas de trabajar y echar raíces en nuestra tierra. Lo que se debe hacer es establecer los debidos controles para que el que nos visita en calidad de turista sea eso, turista, y no pretenda jugar vivo y quedarse en Panamá más allá del término autorizado.
Así también, es una realidad que en los últimos operativos policiales han caído tanto nacionales como foráneos, lo que demuestra una verdad básica, y es que los que se ponen al margen de la ley no tienen nacionalidad, son simplemente maleantes.
Es por ello que el delito debe ser combatido con inteligencia, y cuando decimos inteligencia no es andar tumbando puertas equivocadas ni improvisando fuerzas que andan despistadas, sino recopilar información, realizar planes estratégicos e involucrar otros aspectos de la seguridad, como la prevención y la resocialización.
Al extranjero que delinque, primero la cárcel y luego la deportación y prohibirle la entrada a Panamá de por vida. Al extranjero trabajador y que tiene sus papeles en orden, recibirlo con los brazos abiertos porque por cada empresa que abre un foráneo, se benefician varios nacionales que trabajan en ella.